CÓMO ALBERT EINSTEIN CORTÓ CON SU ESPOSA

CÓMO ALBERT EINSTEIN CORTÓ CON SU ESPOSA

Hoy quiero contarte la manera, impresentable, que se le ocurrió al genial Albert Einstein para cortar con su primera esposa, Mileva.  Son de esas historias que pasan a un segundo plano cuando alguien se convierte en un personaje clave de la historia de la humanidad. ¿Quieres saber de qué se trata? ¡Vamos a ello!

Para que te hagas una idea de la magnitud de la ocurrencia de Albert Einstein, quiero contarte algo de su esposa Mileva. Era igual de genio que él. Como se suele decir, “Dios los cría y ellos se juntan”. Fue de las pocas mujeres en Europa en ser admitidas en el prestigioso Instituto Politécnico de Zúrich. En su clase solo había hombres. Entre ellos Albert Einstein. Fue ahí donde…

Está demostrado que ella era mejor matemática que él. Que trabajaron codo con codo en los distintos artículos científicos que llevaron a Einstein a ser el personaje que es. Pero ella no firmaba como coautora.

En 1910 nació el segundo hijo del matrimonio. Afectado de esquizofrenia. Fue entonces cuando ella renunció a toda posibilidad de realizar una carrera profesional para dedicarse en exclusiva a la familia.  

Dos años más tarde, en 1912, el genio de Albert inicia una relación amorosa con un amor de su infancia. Su prima hermana Elsa. Elsa no tenía ni idea de ciencia. Pero era bella, elegante, sumisa y le gustaban las tareas del hogar. Y, también, le podía proporcionar a Einstein el entorno ideal para poder dedicarse, en exclusiva, a sus elucubraciones.

En 1913, Albert Einstein fue invitado por Max Planck, considerado el fundador de la física cuántica, a trabajar, mira tú por dónde a Berlín. Mileva no quería ir porque sabía que en esa ciudad vivía Elsa. Pero aceptó por el bien o por la unidad de la familia.

Albert daba por roto el matrimonio. Aunque no tenía valor para ponerle fin. En una de las cartas que envió a su prima Elsa se puede leer que él no puede forzar un divorcio sin que haya culpables. Aunque lo que realmente quería decir es que no quería un divorcio en el que él pareciera el culpable para acto seguido irse a vivir con otra.

De esta manera fue cómo se le ocurrió presentarle una serie de condiciones a su esposa Mileva a cambio de seguir junto a él. Se las presentó por escrito para que las firmara a modo de contrato. Así, en caso de incumplir lo firmado, pues adiós muy buenas.

¿Sientes curiosidad por saber cuáles fueron las “geniales” condiciones que Albert Einstein pretendió imponer a Mileva?

 

  1. El primer grupo de condiciones dice así:

      Deberás asegurarte de:

    • mantener mi ropa y la del hogar en buen estado.
    • servirme tres comidas en mi habitación.
    • mantener mi dormitorio y el estudio limpios. Y debe quedar claro que mi mesa de trabajo es para mi uso exclusivo.

 

  1. El segundo grupo:

     Renunciarás a cualquier tipo de relación personal conmigo en la medida en que no sean estrictamente necesarias por razones sociales. En concreto, renunciarás a:

    • sentarte en casa junto a mi.
    • pasear o viajar juntos.

 

  1. Tercer grupo:

     Tendrás en cuenta los siguiente puntos:

    • no mantendremos relaciones íntimas, ni me reprocharás nada.
    • dejarás de hablarme si yo te lo pido.
    • abandonarás mi dormitorio o estudio inmediatamente, y  sin protestar, si te lo pido.

 

  1. Y en cuarto lugar:

     Te comprometerás a no menospreciarme delante de nuestros hijos, ya sea con palabras o hechos.

 

¿Qué, cómo se te ha quedado el cuerpo? ¡Pues imagínate a Mileva! Unos meses después lo abandonó para siempre. Tenía suficiente con cuidar de un enfermo mental. Se divorció en 1919.

Está claro, que el genio de Einstein no tuvo el valor de decirle a la mujer a quien tanto debía, “Siento el daño que voy a causar. Quiero acabar con nuestro matrimonio. Quiero compartir mi vida a partir de ahora con mi prima Elsa. Haré cuanto esté en mi mano para compensarte a ti y los niños”.

Puede que esta manera no sea tan “genial” como sus condiciones. Pero, al menos, no es humillante.

Moraleja: Ser un genio no está reñido con la falta de inteligencia emocional. Y por supuesto, cuando veas escrita la célebre fórmula de Einstein que relaciona la masa con la energía: E = mc2, ten presente a Mileva. Porque sin ella, puede que esa fórmula no se hubiera descubierto.

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