¡DE TIENDAS CON ELLA! 😱

¡DE TIENDAS CON ELLA! 😱

Si cuando tu esposa o compañera te dice:  “Cariño, quiero que me acompañes a ir de tiendas”. Tienes tres opciones. 

Primera, finge un infarto. 

Segunda, tómate un sedante que cortocircuite tu sistema nervioso.

Tercera, la opción más realista y saludable de todas  mira este video.

En este vídeo de te explico por qué las mujeres han hecho del ir de tiendas un arte. Por qué causa desespero en los hombres.  Así como una serie de propuestas que te facilitarán evitar el conflicto y convertir esta actividad en una oportunidad de estrechar vuestro vínculo.  

Ver a un hombre con cara de circunstancias, suspirando y gesticulando de manera nerviosa tras la cortina del probador de una tienda de ropa a punto de tener una crisis existencial es todo un clásico.

Situación que aún se le puede complicar más si su compañera le pide de ir a por otra talla del mismo modelo.  O un color distinto aunque de la misma talla.  O tener que ir a por un modelo distinto que ella recuerda haber visto en el segundo pasillo entrando a mano derecha. Y ya de paso, entregar a la dependienta los modelos descartados y que ya no caben dentro del probador. 

Para muchos hombres la representación del infierno no consiste en arder eternamente. Consiste en esperar eternamente a que su mujer se decida tras la cortina de un probador.

Según un estudio británico, los hombres de esas latitudes tardan aproximadamente unos 26 minutos de estar hasta los… De estar esperando a que su compañera se pruebe ropa. Lo sé. Tú no llegas a la media.

¿Por qué las mujeres tienen ese estilo de comprar que tanto nos desespera a los hombres? Según la ciencia, existe una razón evolutiva para ello. Todo empezó hace mucho tiempo. 

De cuando los seres humanos vivíamos en sociedades cazadoras-recolectoras. En dichas sociedades las mujeres se encargaban de la recolección.  Eran ellas las encargadas de salir a por frutas, frutos secos, raíces, plantas medicinales, etc…  Fuera lo que fuera que recogieran tenía que cumplir con una premisa indispensable: Tenía que ser comestible.  O dicho de otra manera, no tenía que ser venenoso.  La propia vida, la de la prole, incluso la de la tribu entera dependía de ello. Así pues, la responsabilidad era enorme.

Los hombres en ese aspecto lo tenían más fácil. La carne de un búfalo o un mamut fijo que no ponía en peligro la vida de  nadie. A no ser que uno se pegara un atracón a la hora de cenar y luego se fuera a dormir.

Pero las mujeres tenían que ser muy cautas. El riesgo real de llevar a la mesa algo que podía ser tóxico, incluso mortal, les llevó al hábito de prestar atención.  Mucha atención. A pensárselo varias veces antes de dar el visto bueno a lo que tenían entre manos.

Ellas podían encontrar lo que parecía una baya comestible pero gracias a su paciente observación, descubrían que no lo eran.  Con lo que evitaban una desgracia. Así que ser paciente y tomarse su tiempo para observar antes de decidir si coger algo o no, se fue implantando en su ADN y ha llegado hasta nuestros días.

Esta manera de actuar hizo que con el tiempo las mujeres también desarrollaran una gran retentiva. Ellas necesitaban recordar los detalles que diferenciaban lo comestible de lo venenoso. Y también necesitaban recordar cuándo crecía qué y dónde.

Hoy en día sabemos científicamente que la memoria de las mujeres suele ser superior a la de los hombres. En especial la memoria que tiene que ver con el contexto en el que tiene lugar un suceso. Ellas recuerdan mejor que nosotros quiénes y qué había y qué ocurría en un momento determinado.

Otro rasgo evolutivo que ha llegado a la manera que tienen las mujeres actuales de comprar tiene que ver con el hecho de que cuando las mujeres salían a recolectar en la prehistoria  muchas veces no sabían con lo que se iban a encontrar.  Se pasaban muchas horas observando y descubriendo nuevos lugares y nuevos “artículos”.

Es por esto que una mujer cuando va de compras, aunque sepa más o menos qué necesita, también sale con la actitud de “a ver qué encuentro hoy”, “a ver con qué me sorprendo”.  Y una vez metida en plena actividad, irá de aquí a allá obervando, tocando, revisando mentalmente su fondo de armario y realizando posibles combinaciones con lo que ya tiene, etc…, antes de comprar nada. 

Además de comida, las mujeres de la prehistoria salían a buscar cosas con las que adornar el hogar, para convertirlo en un lugar más cómodo y amable. Y también cosas con las que adornarse ellas. Porque cuanto más atractivas se mostraran más probabilidades tenían de encontrar pareja.

Como veis, ya desde la noche de los tiempos, cómo le sienta a una mujer lo que lleva puesto es una cuestión de suma importancia. Hoy en día sabemos que según se muestre de atractiva más probabilidad tendrá de retener a su pareja.  Así, que la presión ha sido y es muy grande.

Por lo tanto, el shopping, el ir de tiendas, en lo más profundo de su ser, es una cuestión muy seria. Escoger lo que luego se va a poner es casi casi una cuestión de supervivencia.   

Otra característica de la manera de comprar de las mujeres es que para ellas, a diferencia de lo que nos ocurre a los hombres como veremos a continuación, es que se trata de una actividad social.  Tienen la tendencia a proceder de una manera amigable con las personas que despachan en las tiendas.  Suelen conocer algo de las vidas de estas personas si son clientas habituales.  Y claro, eso requiere tiempo.  Un tiempo que hay que añadir al conjunto de tiempo empleado en descubrir, observar y escoger. 

Los hombres, por el contrario, solemos usar un estilo “cazador” a la hora de ir a comprar.  Sabemos qué necesitamos, qué queremos, vamos a la tienda, rastreamos, localizamos y ejecutamos la compra.  ¡Pantalones cazados!  ¡Fin del asunto!

Como ves armonizar estos dos estilos de compra que tienen rasgos evolutivos distintos no es fácil. Pero saber sus características y su por qué puede ayudarte sobre todo a ti, hombre de buena voluntad, a tomártelo con más calma la próxima vez que acompañes a tu compañera a ir de tiendas.

Si decides ir de tiendas con ella ten claro que tu objetivo es crear harmonía. Evitar el conflicto. Para ello te propongo cinco claves:

Primera

 

Entretén tu mente mientras esperas.  ¡Obivio! Llévate un libro, un cubo de Rubik, ¡o mejor aún!, visiona en tu móvil el resto de vídeos de mi canal. Te entretendrás y aumentarás tu inteligencia emocional para beneficio de tu relación. ¡Qué más quieres!

Segunda

 

La mejor de todas. Implícate en la actividad y sé su consejero. Crearás vínculo emocional con ella porque le estarás ayudando a sentirse atractiva.  

Piensa una cosa. Ella quiere comprar cosas que le hagan sentir y parecer atractiva. Y es a ti a quien, sobretodo, quiere resultar atractiva. Así que tu opinión la tiene muy en cuenta. ¡Ayúdala a escoger!  ¡Por cierto!, si no le queda bien una prenda en lugar de decirle: “esto te queda horrible”, sé su héroe y dile: “esto no te hace justicia”.

Tercera

 

Llega a un acuerdo con ella de en qué momento vas a necesitar un descanso. Tú te conoces y la conoces a ella. Si sabes que te saturas fácilmente en un centro comercial repleto de gente.  Y que ella, probándose zapatos, es infatigable. ¡La cosa está clara! Acuerda con ella en qué momento vas a necesitar un paréntesis. Vas a tener que dejar de compartir la actividad con ella. Así cuando llegue el momento tú podrás decir sin negatividad alguna:  “Amor, necesito un respiro”. 

Mira hasta dónde llega la cosa, que en 2007, una cadena de grandes almacenes austríaca, puso en marcha una exitosa prueba piloto que consistía en habilitar una sala para que los hombres pudieran esperar a sus compañeras. Su nombre en alemán es Manergarten que viene a significar “guardería de hombres”.

Por poco dinero disponían de cómodos sillones, video juegos, revistas, televisión por cable con el canal deportivo y un par de cervezas. // Cuando las mujeres acababan de comprar los pasaban a recoger.  Afortunadamente no se registró ningún caso de abandono.  El invento tuvo tal éxito que se ha extendido por otros países europeos, incluso ha llegado a la ciudad china de Shangai.

Cuarta  

 

Sé consciente de tu diálogo interno. Si ves que te sientes incómodo párate y toma conciencia acerca de qué estás pensando. ¿Qué imagen ocupa tu mente? ¿Escuchas una voz interior que cuestiona tu modelo de masculinidad? Que te dice algo así como: “¡Menudo calzonazos!  O que cuestiona tu propia existencia con algo parecido a:  “¡Vaya vida la tuya que no tienes nada mejor que hacer que estar aquí!”

Respira hondo que siempre viene bien, sonríe  y contrapón a ese pensamiento otro de positivo como pueda ser:  “Estoy aprovechando una oportunidad para crear vínculo con mi mujer”. ¡Y felicítate por ello! En serio.   

Quinta

 

No la acompañes.  ¡Así de claro!  Es preferible que no la acompañes a que le amargues una actividad que para la mayoría de las mujeres, incluida la tuya, es una experiencia positiva, creativa y casi artística.

Si no vas a poder controlar al gruñón que llevas dentro. Si después de  todo lo que te he contado sobre este rasgo evolutivo femenino,  si después de proponerte los puntos anteriores no te ves capaz  o no quieres cambiar ese hábito, dile que prefieres no acompañarla.  Eso sí, díselo con cariño.

Dile: “Mejor no te acompaño, no quiero que mi malhumor acabe generando mal rollo entre nosotros. Cuando llegues me lo enseñas”.  Sí, que te lo enseñe.  Es la última oportunidad que te queda de crear algo de conexión emocional con ella alrededor de esta actividad.

La mayoría de mujeres disfrutan yendo de tiendas.  Y su manera de proceder está escrita desde la edad de piedra. No la critiques por ello. Ponte de su lado o como mínimo no molestes. Hazlo y verás cómo ganas puntos en su corazón y facilitas que vuestra relación gane en bienestar y futuro.

¿Cuál es tu experiencia al ir de tiendas con tu pareja?   

 

 

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