DINERO Y PAREJA [CÓMO TRATAR EL TEMA]

DINERO Y PAREJA [CÓMO TRATAR EL TEMA]

¿Crees que tu compañera o compañero demuestra tener una actitud irresponsable o egoísta a la hora de gastar el dinero? 

 ¿Discutís entre vosotros por cómo gestionarlo? 

¿Sois incapaces de tener el diálogo en profundidad que el tema merece y que tanto necesitáis? 

Aquí te explico cómo hablar del tema de manera que salga reforzado vuestro vínculo emocional y el futuro de vuestra relación. 

El dinero es un clásico en las discusiones de pareja junto con el estrés laboral, la familia política, las tareas domésticas, el sexo y los hijos.

 Por regla general, los conflictos causados por temas económicos suelen darse con más frecuencia en parejas que conviven hace relativamente poco tiempo. Porque cuanto más tiempo pasa, una de dos,  o se aprende a dialogar y llegar a acuerdos  o acaban convirtiéndose en un problema perpetuo con el que se convive. 

Hablar de asuntos financieros con la pareja es una conversación que es necesaria tener. Pero en la realidad resulta ser prácticamente un tabú. Es algo de lo que no se suele hablar al principio de la relación. Es como si enturbiara la pureza de los sentimientos amorosos que existen entre la pareja. Como si fuera inapropiado o pudiera poner en peligro la propia relación.

Pero lo cierto es, que si se quiere convivir con garantías de futuro, cuanto antes se afronte esta conversación; mejor. Antes evitaremos la negatividad que aparece en caso contrario. Porque como veremos a continuación el dinero tiene una parte simbólica que conecta con necesidades emocionales profundas.

¿Cuándo es el momento ideal para tener esta conversación?

 

Pues cuando se decide dar el paso de ir a vivir juntos. Es el momento de sentarse a hablar.  Y poner en claro cuáles son los ingresos que aporta cada uno y hacer un listado de los gastos fijos que se va a tener que hacer frente. Es el momento de clarificar cómo se va a gestionar el dinero.

Si, por ejemplo, se va a abrir una cuenta común donde se harán las aportaciones correspondientes mientras cada uno de los miembros de la pareja conservan sus propias cuentas.

Es el momento de establecer qué porcentaje del gasto asumirá cada uno para evitar situaciones injustas. Es decir, dependiendo del salario, qué aportación se realizará. Si va a existir una cuenta de ahorro para posibles imprevistos o proyectos futuros. Qué tanto por ciento queda para gastos personales, para que cada uno los pueda gastar libremente, etc…

Tener esta conversación es fundamental para nuestro bienestar emocional. Es un ejercicio que refuerza la confianza mutua y la sensación de futuro exitoso para la relación.  Es un ejercicio que crea un gran vínculo emocional.  Porque pone de manifiesto el compromiso hacia el proyecto de vivir juntos. Porque es una apuesta por “vamos a hacer que esto vaya bien” en lugar de “vamos a probar si esto funciona”.

 

Cuando las cuentas están claras, además de bienestar emocional, la pareja dispone  de un marco de referencia a partir del cual adaptarse a posibles cambios que puedan surgir. Es un marco de referencia para sucesivas conversaciones efectivas.

La conversación sobre finanzas merece un lugar en la agenda de toda pareja. Y de manera periódica. Una vez al mes, por ejemplo. Una especie de “Debate del estado de las finanzas familiares”, en el que exclusivamente se habla de cómo se encuentra nuestra economía, cómo avanzarse a posibles problemas, cómo resolver los existentes, etc…

Aún teniendo las cuentas claras, pueden surgir conflictos con el dinero. ¿Y por qué? Pues porque el dinero además de tener una dimensión práctica que nos permite comprar bienes, productos y servicios, también tiene una dimensión simbólica. Es decir, tiene un significado emocional.  Está ligado a nuestras necesidades emocionales. Que a su vez, están íntimamente ligadas a nuestros valores.

Es por esto que si las necesidades emocionales son distintas, los deseos, las actitudes y el comportamiento respecto al dinero y su gestión serán distintas. Lo que puede llegar a generar un problema perpetuo en una pareja.  

Por lo tanto, esto hay que tenerlo muy en cuenta. El dinero no es valorado o no significa lo mismo para todo el mundo. Hay quien el dinero lo conecta a su necesidad de seguridad. Hay quien a su necesidad de sentirse poderoso. Hay quien a su necesidad de vivir experiencias, etc…

Es muy fácil que salten chispas cuando se contrapone el valor de la seguridad al valor de la libertad, por ejemplo. Un caso sería el de una pareja en que uno de sus miembros desea gastar gran parte de los ahorros conseguidos en un año en hacer un viaje a un país exótico. Mientras que el otro miembro de la pareja prefiere amortizar intereses de la hipoteca.

¿Tienes tú conflictos o desencuentros recurrentes con tu pareja?

Entonces te propongo que tengáis una conversación en la que exploréis qué necesidad emocional se encuentra en cada uno de vuestros posicionamientos. 

Las parejas también afrontan problemas relacionados con la economía que tienen una fácil solución. Se trata de situaciones que surgen a las que hay que adaptarse.  

Por ejemplo, un miembro de la pareja tiene el deseo de ponerse a estudiar para mejorar sus perspectivas laborales. Para ello tiene que dejar de trabajar a jornada completa durante dos años. Por lo tanto es necesaria una conversación de si ese proyecto personal es viable en este momento o cómo se va reorganizar la economía y la vida familiar.

Sea como sea, la clave está en que la pareja actúe como un equipo. Colaborando. Bailando al mismo compás.  Posicionándose en un marco mental en el que se ve al otro como un aliado en lugar de un adversario. Lo que permite establecer la conversación necesaria para llegar a acuerdos y resolver posibles conflictos mientras mantenemos el vínculo emocional.   

Como he comentado en varias ocasiones, lo que facilita el marco mental de la colaboración en la pareja es la solidez de su amistad. Construida y mantenida mediante una serie de hábitos afectivos y de comunicación. 

En las antípodas del marco mental de la colaboración y de la pareja como equipo existe una situación que es causa de gran resentimiento por cuestiones económicas dentro de la pareja. Me refiero a cuando existe un desequilibrio muy evidente entre lo que aportan los miembros de la pareja. Y el que más aporta, se cree con el derecho a decidir en exclusiva sobre los temas relacionados con las finanzas. Y lo expresa con frases del tipo: “¿Acaso eres tú quien trae el dinero a casa?” o “El dinero lo gano yo, pues yo decido”.

Como ves resulta humillante. E injusto. Se trata de una manera de ejercer el poder desde la dominación. Lo que sin duda lleva al distanciamiento emocional.  

Ejemplos lamentables como este, aparte, ten claro esto, todas las parejas, todas, tarde o temprano discuten a causa del dinero. Incluso la pareja más feliz del mundo. Porque equilibrar la necesidad de placer y de seguridad o los proyectos personales y deseos vitales de cada uno, no siempre es fácil. 

La solución a todo esto pasa por expresar mutuamente las inquietudes. Y establecer un presupuesto. Que sea equitativo, evidentemente. Que no obligue a uno de los miembros de la pareja a convertirse en un mártir. En tener que tragar con una situación de injusticia que lo único que consigue es generar resentimiento y distanciamiento emocional.   

 

¿Cómo disminuir la tensión que pueda causar un problema o conflicto financiero entre vosotros y afrontarlo con espíritu de equipo?

 

  1. Agenda un día y una hora con tu pareja para hablar del tema en exclusiva. De esta manera estaréis focalizados en él.
  2. Id con la actitud de llegar a un acuerdo. Por lo tanto estad dispuestos a ceder. Y tened claro, también, a qué no queréis renunciar.
  3. Coged lápiz y papel o un ordenador y una tabla de Excel y realizad, un inventario de gastos fijos. Hipoteca o alquiler, servicios básicos, comida, colegio, coche, impuestos municipales, salud, etc… De este manera tendréis una visión clara de las distintas partidas, de cómo gestionarlas, del porcentaje que requiere de vuestros ingresos, etc.
  4. Realizad inventario de gastos personales. Aquí entra el gimnasio, peluquería, compras de todo tipo, etc…
  5. Estudiad detenidamente qué porcentaje de vuestros ingresos suponen los gastos anteriores. Estudiad de qué se puede prescindir o cómo se pueden modificar, según el criterio de cada uno, estos inventarios de gastos. Cómo se puede gestionar la economía, la vida de pareja o familiar para conseguir vuestros objetivos.
  6. Buscad un terreno común. A partir de ahí, idead una estrategia que permita a ambos satisfacer las necesidades básicas. Esto quiere decir que hay que tener una actitud negociadora. Que hay que ceder para ganar. Y que hay que aceptar el que la estrategia que se acuerda no ofrezca de manera inmediata todo lo que uno desea.   

Una conversación interesante a tener es aquella que se dedica a planificar el futuro financiero. Aquella en el que los miembros de la pareja se imaginan dentro de cinco, diez, veinte años. Tan solo con pensar a tan largo plazo ya refuerza el vínculo emocional.

Se trata de una conversación en la que la pareja imagina cuáles serían las circunstancias ideales. Cómo quisieran estar y qué situaciones negativas quisieran evitar. A partir de ahí comparten los deseos y miedos de cada uno e idean un plan para cumplir los objetivos de ambos en la medida de lo posible.

Hablar y discutir las finanzas abiertamente es absolutamente necesario en una relación de pareja. Tan solo por el hecho de sentarse a hablar del tema, la tensión se reduce instantáneamente sin importar cómo de grave sea el problema económico al que nos enfrentamos. Conversemos para enfrentar los problemas y así evitaremos que éstos nos separen.

 

 

 

 

 

 

    

 

 

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