La reparación después de una infidelidad puede considerarse suficiente cuando el daño ha sido reconocido, se ha asumido la responsabilidad y se ha actuado de manera concreta, adecuada y sostenida en el tiempo, respecto a aquellos aspectos que facilitan el retorno a una situación de equilibrio en la relación. Por lo tanto, no se mide sólo por cuánto ha cambiado la parte infiel, cuánto tiempo ha pasado desde el descubrimiento, o si la parte herida ha dejado, al menos aparentemente, de sufrir.
Quizá vuestra relación se encuentre en un punto difícil de explicar. Puede que la parte infiel haya cambiado, cumple con los acuerdos pactados en distintos ámbitos de la relación, se muestra disponible emocionalmente, más implicado y conectado, etc. La parte herida reconoce esos esfuerzos y, aun así, siente que algo falta. O tal vez una de las partes considera que ya ha hecho todo lo que estaba en su mano, mientras la otra sigue esperando, en su fuero interno, una respuesta, una actitud, una manera de estar que no acaba de obtener, y tampoco sabe cómo pedirla u obtenerla.
Este artículo os ayudará a distinguir qué puede seguir sin reparar, qué pertenece a una pérdida que no se puede recuperar, y qué necesita tiempo y nuevas experiencias de seguridad. Porque reconocer los avances y atender aquello que queda pendiente puede formar parte de la misma conversación.
Si necesitáis situar esta dificultad en el proceso más amplio, podéis leer primero por qué una infidelidad puede seguir pesando años después.
Cambiar y reparar después de una infidelidad, son tareas diferentes
La parte infiel puede haber aprendido a poner límites, comprender mejor sus emociones o dejar de ocultar información. Son cambios valiosos. Sin embargo, conviene preguntarse también qué consecuencias de su conducta ha atendido.
Imagina que, durante la infidelidad, dejó en manos de su pareja responsabilidades que ambos habían acordado compartir. Ahora comunica dónde está y cumple sus horarios. Eso puede aportar seguridad. Pero quizá sigue sin reconocer la carga que la otra persona soportó, ni ha revisado cómo se reparten esas responsabilidades en el presente. Una situación que, muy probablemente, sea vivida por la parte herida como una injusticia.
El cambio personal aporta actitudes y maneras de funcionar nuevas. La reparación las dirige hacia el daño causado, y pone atención en aquello que puede ser restablecido.
En el Modelo de Consciencia Amorosa, estas distinciones ayudan a precisar el trabajo que corresponde hacer:
- Reconocer es comprender y nombrar el impacto causado. Evitando de esta manera justificaciones, minimizaciones o actitudes defensivas como pueda ser, “no pretendía hacerte daño”.
- Disculparse es expresar pesar por el daño ocasionado, y asumir la conducta dañina. Una disculpa puede abrir el proceso de reparación, pero se necesita de una actuación posterior cuando quedan consecuencias por atender.
- Reparar es actuar sobre las consecuencias que han generado una manera de actuar, dentro de lo que resulta posible, pertinente y respetuoso para ambas personas.
- Ser confiable es sostener una conducta coherente en el tiempo: decir la verdad, cumplir acuerdos y promesas, y responder de manera responsable también cuando resulta incómodo.
- Confiar es una predisposición que surge en alguien como consecuencia de la previsibilidad del resultado, respecto al actuar de un tercero, o de las propias capacidades para conseguir un objetivo. No se puede imponer mediante una exigencia ni dar por conseguida porque se hayan cumplido determinados pasos.
Estas tareas se relacionan entre ellas. Por otra parte podéis haber avanzado en confiabilidad y necesitar todavía una conversación de reconocimiento. O haber atendido una consecuencia concreta y seguir necesitando tiempo para confiar.
Lo que puede repararse después de una infidelidad, y lo que necesita ser elaborado
El pasado no se puede cambiar. No es posible devolver los años transcurridos, convertir una mentira en una verdad, ni recuperar exactamente la relación tal como se vivía antes del descubrimiento de la infidelidad.
Reconocer este límite puede doler, pero supone aceptar la realidad de lo ocurrido. Y eso resulta sanador. Porque aceptar la realidad, es el primer principio para no neurotizarse. También evita prometer algo imposible, o convertir la reparación en una búsqueda interminable y obsesiva de una compensación que borre lo ocurrido de manera absoluta.
Por otra parte, hay consecuencias sobre las que sí se puede actuar; como por ejemplo: aclarar información relevante que sigue siendo confusa, corregir una versión falsa sobre lo ocurrido contada a otras personas, atender un perjuicio económico, asumir responsabilidades desatendidas, o revisar acuerdos que todavía dejan a la parte herida en una situación de desigualdad o inseguridad.
Y, para acabar, hay pérdidas que necesitan ser elaboradas. Por ejemplo, la pérdida de la certeza con la que se recordaba una etapa de la relación. O la pérdida del relato que sustentaba la certeza de quién era la pareja, o lo que suponía uno o una, para ésta, y el sentido de relación. Que esa misma certeza no pueda recuperarse, no significa que se pueda elaborar una de nueva. Y ello implica la responsabilidad de la parte infiel de reconocer qué hizo y cómo afectó a la parte herida; por ejemplo.
Puede coexistir algo reparable con algo irreversible. No poder cambiar el pasado, no impide hacerse cargo en el presente de lo que corresponda, incluida una tarea pendiente, o varias.
Cinco confusiones que pueden dejar la reparación después de una infidelidad, incompleta
Una disculpa general para un daño concreto
“Siento todo lo que pasó” puede ser sincero y, al mismo tiempo, quedarse corto. Muy corto. Imagina que la parte herida de una infidelidad, antes de descubrirla, le comentara a su pareja que percibía, en ésta, conductas que le generaban alarma. Y que la respuesta que obtuviera fuera, “son imaginaciones tuyas”. Si la parte infiel se limita a “Siento todo lo que pasó”, incluso le añade un “No lo volveré a hacer”, está claro que no servirá para desactivar la herida de traición o de injusticia que pueda sentir la parte herida.
Mucho trabajo personal sin atender las consecuencias
Comprender por qué uno se dio permiso para la infidelidad tiene valor. Mucho. Básicamente porque supone un ejercicio de reflexión y toma de consciencia. Lo que facilita no actuar de la misma manera en el futuro. Ahora bien, la parte herida muy probablemente necesite algo más que escuchar a su pareja cuánto ha aprendido. Probablemente necesite que ese aprendizaje se traduzca en una conducta que reconozca y compense de manera concreta, el agravio recibido y que pueda seguir sosteniendo.
Transparencia como respuesta para todo
Comunicar información relevante de lo ocurrido, o comunicarse varias veces a lo largo del día si se está fuera de casa por cuestiones de trabajo, ayuda a construir confiabilidad. Pero, por ejemplo, dar acceso al teléfono, correos, cuentas bancarias, etc., no repara por sí solo la herida de traición, de injusticia, o una desigualdad que pueda sentir la parte herida. La respuesta necesita guardar relación con el daño.
Te pongo un ejemplo muy claro, un ramo de flores o una caja de chocolates, no compensa o no genera la confiabilidad necesaria para compensar una falta de relato consciente y responsable de la actuación llevada a cabo. Un ramo de flores no compensa el malestar que genera un “no lo sé”, o un “porque soy idiota”, ante la pregunta, “¿cómo has sido capaz de hacerme esto?”.
Reparar esperando recibir perdón a cambio
Reparar es una acción que conviene que esté sustentada en una toma de consciencia de lo hecho, el responsabilizarse de las consecuencias, y la automotivación por compensar el daño causado. Sin esperar nada más que la satisfacción de saber que uno está haciendo todo lo que está en su mano, de manera honesta y comprometida, para que así sea.
El objetivo no es obtener el perdón de la pareja, es hacer lo posible para diluir o desactivar la herida de traición y/o injusticia que pueda sentir. Eso es un acto de amor. Un acto de cuidado. Algo muy distinto a lo que supone una queja del tipo “Después de todo lo que estoy haciendo, deberías haberlo superado”; que, como puedes comprobar suena muy egoísta. Una queja con rasgos narcisistas.
Esperar que una buena reparación elimine todo el dolor
Si cualquier momento de malestar emocional que la parte herida pueda vivenciar, es interpretada como un fracaso en el proceso de restablecimiento de la seguridad del vínculo entre vosotros, podéis dejar de reconocer avances logrados. Una reparación suficiente puede convivir con momentos de malestar, recuerdos difíciles, duda o incertidumbre sobre el futuro. Conviene estar disponibles para acoger esos momentos. Por ambas partes. Especialmente por la parte infiel.
Esos momentos no invalidan lo conseguido, como tampoco son indicativo de irrecuperabilidad de la normalidad en la relación. Conviene ser afrontados desde la disponibilidad emocional y la compasión. De esta manera se convierten en oportunidades para dar lugar a una situación, una conversación íntima o un gesto de afecto, que sea reparadora del vínculo.
Siempre digo que conviene tener mentalidad de corredor de fondo para afrontar el proceso de superar una infidelidad. Actuando de la manera apropiada, y sostenida en el tiempo, el malestar se desactivará, y no afectará como pueda estar afectando en el presente. Lo que no es incompatible que ,en un momento dado, especialmente la parte herida, pueda conectar con algún recuerdo doloroso. Entra dentro de la normalidad.
Seis aspectos para valorar una reparación después de una infidelidad, suficiente
En el Modelo de Consciencia Amorosa, propongo los siguientes aspectos a tener en cuenta a la hora de revisar una consecuencia concreta:
1. Se reconoce el impacto que tuvo para la parte herida
Quien fue infiel puede nombrar qué hizo y algunas consecuencias relevantes de su actuar. Más allá de defender que no era su intención causar el daño causado. Puede escuchar; es decir, puede estar presente sin ponerse a la defensiva, cuando su pareja expresa cuál ha sido su vivencia. Con lo que, al compartir su mapa, puede tomar consciencia de algún aspecto que no había considerado, y ajustar la comprensión que tiene sobre la situación de la relación.
Es fundamental, validar la vivencia de la parte herida. Ante una expresión del tipo, “Siento un vacío dentro de mí. Como si estuviera sola en el mundo”, responder: “No estás sola en el mundo. Estoy aquí contigo”, supone una invalidación de lo que el otro siente. El mensaje que expresa es: “no tienes razón”. Por lo tanto existe una falta de sintonía, al menos en este aspecto, entre los miembros de la pareja. Cosa que no suma.
Validar es un reconocimiento emocional. Más allá de lo intelectual. Puede que como parte infiel, consideres que la interpretación que hace tu pareja sea, vamos a llamarlo “catastrofista”; pero lo que no puedes negar es que lo vive de esa manera. ¡Y eso es lo que importa! Eso necesita ser acogido y reconocido para poder ser procesado.
Por lo tanto la respuesta que conviene, sería algo así como, “Entiendo que te sientas así. Lo lamento profundamente. Y mi compromiso es el de reparar cuanto sea capaz. Y si hay algo que consideras que te pueda ayudar, por favor, dímelo”. Este es el camino.
2. La responsabilidad se asume sin trasladarla
Este es uno de mis mantras: La responsabilidad de darse permiso para la infidelidad y llevarla a cabo corresponde a la parte infiel. No hay más.
Puede que la relación atravesara por dificultades, que se hubieran establecido dinámicas relacionales que favorecieran la desvinculación, puede que la parte infiel transitara por unas circunstancias vitales difíciles, etc. Todo ello son factores facilitadores, sí. Todo ello requiere de revisión, si se pretende dar una oportunidad a la relación, sí. Pero la parte infiel no tenía la obligación de hacer lo que hizo. Podía haber tomado una decisión más adaptativa y ecológica.
Una respuesta responsable puede explicar el proceso interno sin convertir a la pareja en su causa: “Me sentía frustrado por tu falta de dedicación a mí, y no lo verbalicé o no planteé mi necesidad como debía. Me cargué de resentimiento y crucé un límite para sufrimiento de todos”.
Mucho cuidado con el sentimiento de culpa o vergüenza que puedas sentir. Porque si te sobrepasa, colapsarás y eso impedirá que estés disponible para hacer lo que tienes que hacer; que es reparar y entender qué proceso llevaste a cabo, para no repetirlo.
3. Hay acciones que mantienen correspondencia con lo que sigue afectando
La pregunta que conviene hacerse cuando se lleva a cabo una acción reparadora, es la siguiente: ¿en qué grado se ha atendido la consecuencia concreta, modificando la situación para mejor? Por ejemplo, si existía, una descompensación en la carga de responsabilidades en la relación, ¿mi acción reparadora, en qué grado ha conseguido redistribuir de manera justa la carga de responsabilidad entre mi pareja y yo? O, más concretamente, “¿Mi acción reparadora, en qué grado ha conseguido la corresponsabilidad en las tareas domésticas y logística del hogar?”.
Ya lo he señalado anteriormente; un gesto de afecto puede ser bálsamo que calme heridas, pero si quieres cicatrizarlas, céntrate en reparar de manera concreta y proporcional las necesidades que lo necesitan.
4. La acción reparadora de la parte infiel, tiene sentido para la parte herida
Esto tiene mucha relación con un punto clave de la comunicación humana. Me refiero a que el mensaje que cuenta es el que recibe el receptor, no el que considera que ha transmitido el emisor. Es decir, tú puedes considerar que has dicho una cosa, pero luego resulta que quien te escuchaba ha entendido otra. Y esto suele generar situaciones frustrantes. Conviene, pues, asegurarse de qué ha entendido quien escucha.
Digo esto, porque puede haber buena voluntad y la actitud de reparar por parte de la parte infiel; pero que la parte herida no lo reciba como tal. Por ejemplo, puede ocurrir que la parte herida, por el motivo que sea, haya conectado con la tristeza que le causa la situación actual. Y la parte infiel, con la intención de “ayudar”, proponga de ir al gimnasio “para quemar malas vibraciones…”.
El mensaje que puede recibir la parte herida es que la parte infiel, egoístamente propone ir al gimnasio porque no está dispuesta a sostener esa tristeza. No lo interpreta como un acto de amor o de cuidado, lo interpreta como un acto de egoísmo.
Aquí lo conveniente sería que la parte herida fuera capaz de transmitir de manera compasiva cómo está interpretado la propuesta que ha escuchado, y qué es lo que necesita a cambio.
Por otra parte, la parte infiel conviene que ponga límite cuando las peticiones de reparación, o el trato que está recibiendo, afecten a su dignidad personal, y la salud de vínculo que le une a su pareja. Un ejemplo muy claro sería la tendencia a castigar, mediante el desprecio, por ejemplo, de la parte herida. Por más que ésta lo interprete como una compensación a su sufrimiento, no tiene cabida.
5. El compromiso se sostiene sin reclamar resultados inmediatos
Una conversación íntima o una acción excepcional pueden contribuir a iniciar o acelerar el proceso de reparación del vínculo. Pero, lo realmente importante es cuánto de ello se sostiene en el tiempo. Recuerda, mentalidad de corredor de fondo. Porque esta continuidad es la que transmite un mensaje de consciencia, responsabilidad y compromiso; en lugar de oportunismo. Y eso genera confiabilidad.
Otro aspecto importante es llevar a cabo un seguimiento de dichas acciones puntuales. Como por ejemplo, acuerdos a los que se haya llegado, promesas hechas, si se convierten en hábitos, etc.
Todo ello facilita el retorno a una situación de equilibrio. Digo facilita. Cada caso, y cada persona tiene sus peculiaridades. Con esto quiero decir que el foco de atención conviene que no esté depositado mayormente en un resultado esperado. Sino en el compromiso con el proceso.
6. El aprendizaje aparece en la manera de reparar
Si un acuerdo se incumple, ¿se expone y se asumen las consecuencias, o no se afronta para evitar una discusión? Cuando reaparece el malestar, ¿se intenta comprender qué lo activa, o se apela a que ya se ha tratado ese asunto y se impide la conversación?
Depende de la decisión que se tome, no solo serán distintas las consecuencias, o la realidad que a la que darán lugar; también el aprendizaje será distinto. Ya sabes, pastilla roja o pastilla azul.
La reparación necesita de consciencia y responsabilidad. Si le añadimos una actitud compasiva, nos facilitará la tarea de llevarla a cabo. Porque nos facilitará tener disponibles nuestros recursos psico-emocionales, a la hora de afrontar una situación que no nos resulta agradable, o que consideramos potencialmente conflictiva.
Esta compasión también es compatible con poner límites cuando conviene. Es decir, cuando puede evitar que se llegue a una situación lamentable que dañe, aún más, el vínculo o la dignidad personal. Como pueda ser, decir “Necesito dejar la discusión aquí. Estoy saturado y no quiero ponerme a la defensiva. Dejémoslo para otro momento”. Esto conviene cuando, por ejemplo, lleváis mucho rato, puede que horas, conversando o discutiendo y es de madrugada.
Quién decide si ha sido suficiente
La parte infiel no puede decidirlo en base a su interpretación de lo que considera que ha llevado a cabo para reparar. Como se suele decir, “del esfuerzo llevado a cabo”. No puede porque tan solo es su interpretación, y no tiene en cuenta la vivencia de la parte herida.
Este es un posicionamiento no empático y egoísta, que se sustenta en pensamientos del tipo: “Por más que haga, nunca tiene bastante”.
Por otra parte considero la parte herida, es quien tiene el derecho de decidir cuándo considera que la reparación ha sido suficiente. También considero que conviene que tome dicha decisión en base a la tríada de factores que, para mí, son clave en todo el proceso: consciencia, responsabilidad y compasión.
Porque hacerlo desde aquí, supone reconocer lo conseguido. Supone situarse en el ciclo del perdón, en lugar del castigo.
Por todo ello conviene que ambos miembros de la pareja, tengan actualizado y sintonizado el mapa de la situación en la que se encuentran cada uno de ellos y la relación de pareja que mantienen.
En caso contrario, muy probablemente pase el tiempo y se produzca una falta de sintonía entre ellos. Pueden acabar quedando temas pendientes que tarde o temprano produzcan desajustes. Incluso en el presente, en el marco de una conversación, puede que una parte ponga su atención en la evaluación del cumplimiento de un acuerdo al que se llegó, y la otra parte ponga su atención en un daño que todavía no ha sido reconocido. Si los miembros de la pareja no distinguen esos planos, discutirán sobre dos asuntos diferentes como si fueran uno solo. Generando mucha frustración.
Propongo valorar la suficiencia de la reparación, mediante la siguiente pregunta: “¿Reconocemos que este perjuicio ha recibido la suficiente reparación, como para que no sea un obstáculo para el equilibrio en nuestra relación?” Esta pregunta y su respuesta, no supone que no se vuelva a prestar atención, en un momento dado si fuera necesario.
Cuando hay reparación después de una infidelidad, y todavía duele
El dolor que permanece no prueba, por sí solo, que la reparación sea insuficiente. Tampoco prueba que esté completa y que el problema sea ahora la incapacidad de la parte herida para avanzar.
Puede seguir pendiente un reconocimiento. Puede haber una pérdida que necesita tiempo y apoyo para ser elaborada. Puede faltar experiencia sostenida de confiabilidad. O puede aparecer una pregunta sobre el deseo de continuar, aun reconociendo lo que la otra persona ha hecho.
Son posibilidades que conviene contrastar con la vivencia y los hechos actuales. Si continúan las ocultaciones, las versiones cambian o los acuerdos se incumplen, la alarma puede estar respondiendo también a un problema presente.
Las sensaciones corporales y las emociones aportan información sobre cómo se está viviendo la relación. Merecen escucha, aunque no demuestren por sí solas que existe una nueva mentira ni determinen qué decisión tomar.
Para ampliar la mirada y localizar otra tarea que pueda estar abierta, podéis consultar las siete tareas pendientes después de una infidelidad.
Una revisión breve de una consecuencia concreta
Esta propuesta puede ayudar cuando reconocéis esfuerzos, pero no sabéis por qué no llegan a sentirse como reparación. Su objetivo es precisar un asunto y una reparación posible, sin hacer un inventario completo de todo el daño ni someter a la relación a un examen permanente.
No es adecuada para situaciones de inseguridad emocional por parte de un miembro de la pareja, respecto al otro. En las que existen amenazas, mal trato (psíquico o físico) o control coercitivo. En esos contextos conviene priorizar la seguridad y buscar atención especializada.
Elegid un momento y un lugar que sea propicio para llevar a cabo la siguiente propuesta práctica. Necesitaréis un bloc de notas donde escribir las respuestas y reflexiones que se plantean en los siguientes cinco puntos. Primero las respondéis individualmente, y luego las compartís.
La actitud que conviene mantener a lo largo de la conversación es la de querer hacerse entender, querer entender al otro, y llegar a acuerdos y soluciones. Esta es la actitud que facilita un clima emocional seguro que, ya de por sí, supone una experiencia reparadora y aseguradora del vínculo entre los miembros de la pareja.
1. Qué consecuencia estamos revisando. Describid un hecho que os esté afectando. Y de qué manera os está afectando. Conviene evitar un uso del lenguaje acusatorio del tipo: “Porque tú…”, “Porque tú siempre/nunca”.
2. Qué reparación ha recibido. Separad el reconocimiento por lo avanzado, las acciones realizadas y las cuestiones que quedan todavía pendientes. Lo importante son los hechos, independientemente de las intenciones habidas, que hayan o por haber.
3. Qué necesita ser comprendido. La parte herida puede precisar qué sigue sin encontrar reparación. La parte infiel puede identificar qué no había entendido y qué necesita aclarar para llevarla a cabo de manera concreta.
4. Qué corresponde asumir ahora. La parte infiel concreta su responsabilidad y una actuación a llevar a cabo. La parte herida puede expresar necesidades, límites, cómo recibe la propuesta de la parte infiel, o proponer una propia.
5. Cómo reconoceremos un avance. Acordad cómo reconoceréis que se ha alcanzado la situación que habíais acordado. Cómo se materializará de manera concreta y observable en la realidad. Acordad un plazo para que se materialice, y cómo llevar a cabo el seguimiento de dicho cumplimiento.
Al conversar, anotad las diferencias en vuestras vivencias y/o perspectivas, para de esta manera poder abordarlas con precisión y efectividad, facilitando llegar a un punto de entendimiento.
Ejemplo ficticio: de justificar el cambio a atender el daño
Durante la infidelidad, Marcos utilizaba supuestas obligaciones de trabajo para ausentarse y dejar a Elena al cuidado de sus hijos. Ahora cumple sus horarios, pero continúa dejando en sus manos casi toda la organización familiar. Elena intenta hablar de esa carga.
Una respuesta defensiva sería: “Llevo los niños al colegio, voy del trabajo a casa, voy a comprar lo que me dices… Parece que nunca es suficiente”.
Con esta respuesta, Marcos, no tiene en cuenta que durante la infidelidad puso el trabajo como excusa para ausentarse de casa, dejando a Elena toda la carga de la crianza. Y no solo eso, sino que a lo largo de la relación no ha existido corresponsabilidad. Y eso ha supuesto una situación de injusticia mantenida en el tiempo, y de desgaste físico y mental para Elena.
Cumplir con sus horarios, contribuir algo más en la crianza y las tareas del hogar, ni ha corregido esa descompensación existente, ni la herida de injusticia que existe en Elena”.
Elena tiene todo el derecho, yo incluso digo el deber, de poner sobre la mesa este asunto. Porque es prioritario para su sentimiento de dignidad personal, para el equilibrio en el poder dentro de la relación, y para la buena salud del vínculo entre ambos.
Y Marcos, conviene que tome consciencia de hasta qué punto su perspectiva está desconectada de la realidad. Y tenga claro que le conviene hacer de manera sostenida en el tiempo si quiere seguir conviviendo junto a Elena, de manera justa.
Cuándo puede ayudar el acompañamiento
Conviene pedir ayuda cuando no lográis precisar qué falta, cuando cada revisión termina en discusiones cuya interacción se basa en un continuo ataque-defensa, o existe una discrepancia sostenida sobre qué sería una reparación suficiente, posible y proporcionada.
También cuando el sufrimiento interfiere de manera importante con el descanso, el trabajo o la vida cotidiana. El acompañamiento puede ayudar aportando claridad respecto a cuáles son las tareas pendientes que conviene abordar, cuáles han sido las pérdidas, y cuáles los problemas actuales.
Su función no es convencer a la parte herida de que ya debería estar bien, ni conseguir una reconciliación como resultado obligatorio. Consiste en aportar consciencia, activar la responsabilidad, desde una perspectiva compasiva hacia ambos miembros de la pareja.
Preguntas frecuentes
¿Cómo sé si mi pareja está reparando el daño o sólo está intentando que deje de hablar?
Observa cuál es su actitud. Si está disponible para atender una consecuencia concreta, escuchar por tu parte una necesidad, o preguntar por lo que aún no comprende. Si sostiene acuerdos sin condicionar su “esfuerzo” a que cierres el tema.
Un brote de impaciencia puntual no es indicativo de un compromiso condicional, o deshonesto, por su parte con el proceso de reparación. Pero una impaciencia habitual, un ponerse a la defensiva fácilmente, etc., sí te está indicando que le puede estar pesando más su necesidad de dejar de sentirse culpable, que la tuya de procesar lo ocurrido, al tiempo que necesitas.
¿La reparación después de una infidelidad está incompleta si todavía no puedo confiar?
Puede estarlo, aunque la falta de confianza no lo demuestra por sí sola. Una consecuencia, una necesidad, puede haber recibido una reparación suficiente, pero puede que la parte herida necesite más vivencia de confiabilidad por parte de su pareja.
Cualquier incumplimiento, o desvío de lo acordado por parte de la parte infiel, muy probablemente active la alarma en la parte herida. Esto conviene tenerlo muy en cuenta por ambas partes. Especialmente por la parte infiel.
¿Tengo que explicar exactamente qué necesito para que la otra persona repare?
Puedes aportar tu vivencia, expresar lo que reconoces como pendiente, incluso un ejemplo de qué puede satisfacer tu necesidad. Esto facilita que el otro se haga una idea más o menos ajustada, pero no te hace responsable de diseñar y supervisar toda la reparación.
La parte infiel conviene que tome iniciativa, pregunte y proponga acciones reparadoras. Esto envía un mensaje claro de consciencia, responsabilidad y compromiso. Envía un mensaje de capacidad de empatía y voluntad de cuidado.
Como me dijo en una ocasión una clienta: “Si le tengo que proporcionar una guía detallada de lo que tiene que hacer, ¿qué mérito tiene?”. Pues eso.
¿Y si siento que ninguna acción puede devolverme lo perdido?
Entonces probablemente ha llegado el momento de elaborar un duelo. Empezando por la aceptación de la existencia de ese sentimiento de pérdida. Esto te facilita el no desgastarte luchando por hacer regresar una realidad que no es posible que vuelva.
También te facilita el que puedas organizarte internamente y, entre otras cosas, prestar atención y concentrar energías y recursos en actuar sobre aquello que te puede aportar bienestar.
¿Se puede reparar después de una infidelidad y, aun así, terminar la relación?
Parece contradictorio, y no es lo habitual, pero sí puede haber casos. De la misma manera que se puede llegar a perdonar desde la consciencia y la compasión, y decidir darla por finalizada.
Esto suele ocurrir cuando la parte herida no encuentra un sentido motivador a la perspectiva de futuro de la relación, por ejemplo. O cuando se da cuenta que no puede recuperar la admiración que sentía por su pareja, porque el fundamento de su admiración, o gran parte de ésta, descansaba en la previsibilidad de su lealtad. O cuando se produce un cambio interno que le lleva a concluir que estará mejor fuera de la relación, etc.
Cuando se toma la decisión de finalizar la relación desde aquí, se hace desde la consciencia y la responsabilidad.
Un siguiente paso que responda a lo que falta
Antes de volver a discutir si se ha hecho “lo suficiente”, intentad nombrar una consecuencia de lo ocurrido, una necesidad, que siga presente. Qué se ha reconocido, qué ha cambiado y qué respuesta concreta falta, si falta alguna.
Puede que descubráis una acción pendiente. O que podáis reconocer que ese asunto ha recibido una respuesta y que ahora necesitáis trabajar en otro aspecto u otro asunto. Este contrastar entre vosotros, os facilita avanzar con claridad y estando en contacto con la realidad de vuestra situación.
Óscar González · Mentor de parejas, especializado en infidelidad. Creador del Modelo de Consciencia Amorosa. Autor de Cómo recuperar tu vida y tu relación (si es lo que quieres) tras una infidelidad. Toma una decisión inteligente, y forma parte de mi Comunidad.

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