«No me perdona pero tampoco quiere dejarme», puedes estar diciéndote, o quejándote. Veamos, que tu pareja siga contigo después de una infidelidad, por tu parte, no significa que te haya perdonado, o haya decidido continuar desde la consciencia y la responsabilidad. Puede haber influido, en su decisión, la historia que compartís, el amor que ha existido y el vínculo que exista actualmente. También puede que esté esperando una reparación por tu parte, que esté a la expectativa de que se produzcan cambios en ti, o no disponga de las condiciones necesarias, o idóneas para separarse.
Conviene aclarar qué sostiene su decisión de permanecer en la relación, así como cuáles son las necesidades de cada parte. Exigir perdón no resuelve estas cuestiones. ni convierte la convivencia en una elección libre.
“No me perdona, pero tampoco quiere dejarme”, es una frase que ronda por tu cabeza. Y que se refuerza, por ejemplo, por el hecho de que habéis pasado un buen fin de semana, os habéis reído, tenido acercamiento sexo-afectivo, e incluso habéis hecho planes. Pero llegado el lunes, tu pareja vuelve a expresar dolor y tú piensas: “Si estábamos bien, ¿por qué vuelve a sacar el tema?”.
Si eres la parte herida, probablemente lo vivas de otra manera: “Quiero disfrutar de lo que todavía tenemos, pero sigo sin saber si puedo volver a confiar. Pasarlo bien, no significa que todo esté resuelto”.
Conviene comprender esta diferencia antes de convertirla en un reproche. En este artículo os propongo distinguir qué puede sostener la permanencia, qué corresponde asumir a cada parte y cómo hablar del futuro sin exigir una decisión para terminar cuanto antes con la incertidumbre.
Seguir en casa no significa haber elegido de nuevo la relación
Compartir vivienda, convivir describe una situación. Para saber qué significa esta convivencia, conviene hablar de ello. Tener una conversación íntima.
Supongamos que Ella le fue infiel a Él. Después del descubrimiento, Él continúa en casa, participa en la organización familiar y se muestra afectuoso en algunos momentos. Ella interpreta: “Ha decidido darme otra oportunidad”.
Pero Él tiene el siguiente diálogo interno: “Necesito comprender lo ocurrido para poder estar en la relación plenamente. Tengo que plantearme, honestamente, qué me motiva a no separarme”.
Si no estas perspectivas no son expresadas en conversaciones, Ella probablemente vivenciará cada duda o expresión de malestar de Él, como un retroceso en el proceso de perdón de Él. Y Él probablemente se sienta invalidado y presionado para recuperarse anímicamente.
Por eso conviene aclarar cuál es la situación, realmente. ¿Hay un “sí” a la relación y habéis decidido trabajar conjuntamente en la reconstrucción? ¿Estáis conviviendo mientras valoráis opciones? ¿Uno cree que estar reconstruyendo, mientras el otro intenta aclarar si hay un “sí”, por su parte, hacia la relación?
Según sea la respuesta, el sentido que puedan tener las acciones y propuestas que se den, será uno u otro. Por ejemplo, organizar una salida de fin de semana puede ser un plan compartido que signifique una acción consecuente con el compromiso de cada quién por reparar y reconectar. O un esfuerzo por una de las partes, para intentar no estar pensando en “el tema”, o vivenciar algo de “normalidad”.
Si lleváis años con un malestar más amplio, te propongo que cuando hayas leído este artículo, leas este otro: por qué una infidelidad puede seguir pesando años después. Aquí nos centraremos en esa permanencia dentro de la relación, cuyo significado quizá todavía no habéis aclarado.
Perdonar, confiar y continuar son procesos diferentes
Te propongo mucha prudencia, y, así, evites concluir que tu pareja no te perdona porque la notes triste, tenga momentos de activación en los que necesita preguntar lo que, aparentemente, ha sido contestado en repetidas ocasiones, o no esté motivada para mantener relaciones sexo-afectivas.
Mucho cuidado con sacar conclusiones sobre su mundo interno a partir de una conducta aislada.
En el Modelo de Consciencia Amorosa, entiendo el perdón como un posicionamiento interno de equilibrio al que se llega mediante un proceso de maduración. Esta maduración, facilita la obtención de un relato de lo ocurrido de manera que se integra en la historia personal y de pareja, y permite tirar hacia adelante, a pesar de la herida.
Implica dejar de alimentar el resentimiento o el deseo de devolver el daño recibido. Implica dejar de estar encadenado emocionalmente de manera negativa con la persona que te dañó. En este caso, tu pareja. Implica sustentarse en la propia dignidad personal.
Por tanto, el perdón es un proceso personal que conviene llevar a cabo, sí o sí, porque supone una liberación. Es evidente, que este proceso resulta más fácil o llevadero si la parte infiel contribuye activamente a que así sea.
Al ser un proceso personal, en el que intervienen muchos factores, tanto internos como externos, no puede exigirse, por ejemplo, como compensación a los cambios que la parte infiel considera haber hecho.
La confianza se fundamenta en la previsibilidad; ¿qué puede esperar la parte herida de la conducta de su pareja? Puede reconocer una disculpa sincera, y necesitar comprobar que los acuerdos se cumplen de manera sostenida en el tiempo. Incluso cuando a la parte infiel le resulta incómodo hacerlo.
Imagina que la parte infiel promete comunicar cualquier contacto con la tercera persona, pero sólo lo cuenta cuando su pareja pregunta. Que la parte herida vuelva a inquietarse no demuestra falta de voluntad para perdonar, por parte de ésta. Lo que hay, es un acuerdo concreto cuyo cumplimiento conviene revisar.
Continuar la relación es otra decisión. La parte herida puede perdonar y concluir que no quiere seguir. Como también puede querer intentar la reconstrucción, sin estar disponible para perdonar en ese momento.
Por lo tanto, “¿ya me has perdonado?” puede estar sustituyendo otras preguntas más pertinentes: “¿He atendido lo que te dañó?”, “¿Estoy actuando de manera confiable?” o “¿Quieres explorar conmigo si esta relación puede volver a tener sentido para ti?”.
Seis posibilidades que conviene explorar si, «no me perdona pero tampoco quiere dejarme»
Las siguientes situaciones pueden coexistir. No permiten adivinar qué le pasa a tu pareja ni son una clasificación científica. Son posibilidades que podéis contrastar conversando, con hechos y exponiendo la vivencia de cada quién.
Hay afecto y también dolor
La parte herida tiene que lidiar con sentimientos encontrados por el impacto de lo ocurrido. Puede desear cercanía y, al mismo tiempo, sentir rechazo hacia la pareja. Ambas vivencias pueden coexistir.
Imagina que habéis disfrutado de un momento o una actividad placentera. Y al pasar por un lugar determinado de regreso a casa, a tu pareja se le activa el recuerdo de la infidelidad. Pasando de estar motivada, de haber conectado con un sentimiento de autoestima, de sentirse fuerte para afrontar el proceso de reconexión, a un sentimiento de tristeza, o de rabia. Si ese cambio de estado interno, lo vives desde una queja tipo, “has estropeado la noche”, lo que haces es invalidar la vivencia de tu pareja, y desaprovechar un momento para demostrar tu compromiso por reconectar, y brillar para ésta.
Una contestación muy diferente podría ser: “Veo que al pasar por aquí te has quedado triste. Si quieres contármelo, te escucho”.
Conviene estar disponible emocionalmente, y validar si lo que se pretende es reconstruir la seguridad del vínculo que se ha quebrado. Sus vaivenes emocionales son legítimos. Y son, repito, una oportunidad para demostrar de qué pasta está hecho tú, y el amor que sientes por tu pareja.
Sigue pendiente una reparación concreta
Puede que la parte infiel haya cambiado aspectos de su conducta, en el proceso de reparación tras descubrirse la infidelidad. Y, aunque esto pueda ser apreciado por la parte herida, ésta puede estar necesitando que sea reconocido un daño recibido. Y puede que esta necesidad o este daño, no haya sido verbalizado de manera clara por su parte.
Por ejemplo, puede que antes del descubrimiento preguntara a la parte infiel, varias veces, si estaba pasando algo porque percibía una serie de conductas que le generaban alarma. Y que como respuesta recibiera declaraciones del tipo: “Imaginas cosas que no son”. Ahora, tras descubrirse lo ocurrido, escucha disculpas por parte de su pareja por la infidelidad cometida. Pero siente que no se ha reconocido lo que ha supuesto el culpabilizarse por dudar, y la invalidación de su percepción por parte del compañero o la compañera.
Por más que la parte infiel pida perdón cien veces, esas declaraciones no se ocupan de la dolorosa vivencia de la parte herida. Esto es un tema pendiente que conviene ser abordado para poderlo procesar e integrar por ambas partes. Especialmente por la parte herida.
Necesita de conversaciones en los que la parte infiel esté posicionado en la consciencia, la responsabilidad y la compasión. Lo que facilita evitar actitudes defensivas, y expresar declaraciones reparadoras del tipo, “Negué lo que tú estabas percibiendo. Incluso mis respuestas llegaron a ser agresivas y despreciativas hacia ti. Eso fue maltrato por mi parte que, por supuesto, no te merecías. Lamento el sufrimiento que esto te haya podido causar, y te siga causando. Estoy disponible para escuchar lo que tengas que decirme al respecto, y tener las conversaciones que sean necesarias para poder procesarlo y conseguir que deje de ser motivo de malestar”.
Así pues, antes de concluir, “¡Nunca tiene bastante!”, conviene comprobar qué ha quedado sin atender. Para profundizar en esa diferencia, puedes leer cómo valorar si la reparación después de una infidelidad ha sido suficiente.
Quiere comprobar si los cambios se sostienen
Permanecer puede significar: “Quiero ver si podemos vivir de otra manera”. Esto es algo muy distinto a comprometerse a continuar pase lo que pase.
Quizá la parte infiel escucha con atención durante unos días, pero cuando reaparece una pregunta incómoda responde con un “¡Otra vez con lo mismo!”. La parte herida puede estar comprobando si la disponibilidad emocional se mantendrá cuando la conversación deje de resultar cómoda.
Aquí ayuda concretar qué se quiere observar. Por ejemplo: poder expresar una inquietud sin recibir una actitud defensiva, conocer información relevante sin tener que perseguirla o comprobar que se respeta un límite acordado.
No se trata de someter a la parte infiel a un escrutinio constante o malintencionado con el objetivo de que no levante cabeza. Conviene poner en común qué conductas aportarían confiabilidad y revisar qué está teniendo lugar, realmente. Para de esta manera proporcionar una guía de actuación o asegurarse que ambos compartís el mismo marco mental.
Está claro que si continúan ciertas conductas que generan incertidumbre, conviene que sean eliminadas de raíz, si lo que se pretende es que la relación continúe o continúe de manera saludable.
Separarse tiene dificultades prácticas
Puede haber hijos, una hipoteca, ingresos desiguales o un negocio compartido. Desear marcharse y poder hacerlo, al menos de inmediato, son cosas diferentes.
“¡Si tan mal estás, vete!” es fácil decirlo, pero no paga otro alquiler, ni organiza el cuidado de los hijos, por ejemplo. Considero que también es una declaración que demuestra una falta de validación y empatía hacia el proceso de duelo que pueda estar transitando la parte herida.
En estos casos, la parte herida puede dar por perdida la relación porque considera que la parte infiel no va a conseguir ser competente reparando como se necesita. Y puede optar por transitar el proceso de duelo estando en la relación.
Una vez elaborado, puede decidir dejar de convivir, cuando aparezca el momento oportuno. O puede mantener la convivencia en el ámbito de la organización familiar y la logística del hogar, incluso tener relaciones sexuales puntuales, pero emocionalmente y mentalmente desvinculada en mayor o menor grado del compañero o la compañera. Sin un proyecto de vida compartido.
Así pues, seguir conviviendo tras años de haber ocurrido la infidelidad, no significa que se haya conseguido reparar el daño causado, ni restablecer la seguridad del vínculo, ni el sentido de la relación. Y para no llegar a esta triste situación, resultan convenientes conversaciones íntimas acerca de dónde está cada quién, dentro de la relación.
Teme perder la relación o equivocarse
La parte herida puede cuestionarse: “¿Y si acabo con la relación, y luego descubro que sí podía reconstruirse?, ¿Y si luego resulta que es capaz de hacer feliz a otra pareja?”. O puede escuchar en su entorno: “Después de tantos años, no vas a romper la familia por esto”.
Esas frases pueden pesar. Y no resulta justo, ni prudente concluir que quien duda es porque es débil de carácter, o que permanece dentro de la relación, únicamente por dependencia.
Puede que necesitar hablar con alguien que le clarifique su situación, tanto interna como externa, sin que la empuje hacia un desenlace en concreto. Alguien que le proporcione recursos y una guía de actuación que le facilite actuar desde la consciencia, la responsabilidad y la compasión. Desde la autoestima y la dignidad personal.
Hay esperanza pero falta hablar del futuro
Podéis estar haciendo esfuerzos para no discutir y, sin embargo, no haber hablado de cómo deseáis vivir a partir de ahora.
Imagina que habéis recuperado ciertas rutinas que resultan reparadoras, pero la parte herida no quiere volver a una relación donde apenas había conversación o en la que muchas de sus necesidades quedaban aplazadas. La parte infiel, puede interpretar que reconstruir consiste en recuperar la normalidad anterior. La parte herida necesita que esa normalidad cambie.
Es por esto, que conviene concretarlo: “Si seguimos juntos, quiero que las decisiones importantes que nos afectan a ambos o a la familia, se hablen antes de ser tomadas, que tengamos un espacio para conversar acerca de en qué momento estamos, individualmente y como pareja, y que exista corresponsabilidad en el ámbito de la crianza y gestión de las tareas del hogar”. Entonces podéis examinar si ambos deseáis y estáis dispuestos a construir esa relación.
La historia compartida hasta el momento, puede tener peso y valor. Conviene reconocerlo y al mismo tiempo tener utilizarlo para diseñar el Proyecto de Vida Compartido que resulta necesario o queréis a partir de ahora.
Qué corresponde asumir a la parte infiel
Te puede resultar difícil sostener la incertidumbre del «no me perdona pero tampoco quiere dejarme». Quizá piensas: “Estoy cambiando, hago lo que acordamos y sigo sin saber si realmente quiere continuar en la relación”. Puede, entonces, hacer acto de presencia la frustración, la ira o el miedo.
Conviene atender ese malestar para que no dirija cada conversación. Y cuando digo “atender”, me refiero a aceptarlo y regularlo. Porque si después de una acción reparadora preguntas, movido por la ansiedad, “¿Me vas perdonando?”, tu compañera o compañero, puede recibir el mensaje de que, egoístamente, esperas cobrar el esfuerzo mediante su tranquilidad o su compromiso de continuar.
La responsabilidad de darse permiso para la infidelidad y llevarla a cabo, te corresponde, exclusivamente, como parte infiel. Te corresponde comprender ese proceso, reconocer el impacto y llevar a cabo las acciones reparadoras pertinentes o que sean posibles.
También te corresponde actuar de manera confiable sostenida en el tiempo. Y si, además, demuestras proactividad en la reparación, mucho mejor. Por ejemplo, si sabes que hay un vacío en el relato que has proporcionado, haz cuanto esté en tu mano por llenarlo, y luego compartirlo. Haz lo posible por evitarle a tu pareja que tenga que ser ésta quién vaya detrás de ti. Te aseguro que esto es muy reparador
Puedes preguntar qué necesita comprender o comprobar qué comprende, antes de decidir. Escucha sus necesidades, antes de enumerar todo lo que ya has hecho. Si todavía no sabe precisarlo, podéis identificar una cuestión que sí tenga clara o buscar ayuda para ordenar las demás.
Hacerte cargo no te obliga a sostener indefinidamente una relación que no deseas, o ves que es insostenible. También puedes hablar de tus límites y tomar decisiones propias. Lo que no procede, es atribuir tu decisión a que tu pareja no te ha perdonado como esperabas.
Comprender el dolor no obliga a aceptar cualquier trato
La parte herida tiene derecho a expresar su dolor, pedir una reparación y decidir si quiere continuar. La parte infiel tiene la responsabilidad de estar disponible para escuchar el impacto de su conducta. Algo que acostumbra a resultar incómodo. Muy incómodo. No convierte por sí solo la conversación en un ataque.
Si bien la parte herida tiene derecho a expresar su dolor, también tiene la obligación de hacer cuanto esté en su mano para no expresarlo de manera destructiva. Con eso quiero decir que no tiene derecho a maltratar física y psicológicamente al compañero o la compañera. Cabalgar a lomos de la ira de manera que lleve a la expresión de insultos, desprecios, humillaciones o amenazas, es improcedente.
No es lo mismo declarar, “Cuando negaste lo que estaba percibiendo, dudé de mí misma. Y me empecé a culpabilizar. Eso, ahora me genera mucha tristeza e ira porque lo vivo como una injustica, encima de la traición. Siento una profunda decepción e ira, hacia ti en estos momentos”. Que resulta la exposición de unos hechos y una vivencia. Que esta otra: “Eres un malnacido y un cobarde. Cuando mueras, vas a lamentar haberme traicionado”.
Como parte infiel, tienes derecho a proteger tu dignidad personal. Poniendo límite cuando la situación lo requiere, por ejemplo. “Entiendo tu rabia hacia mí. Quiero escucharte. Si me insultas, me cuesta hacerlo porque me siento agredido y me pongo a la defensiva. Y yo quiero estar presente y disponible para ti. Por favor, para con los insultos”.
Con este tipo de declaraciones dejas claro tu compromiso con estar presente y disponible. Algo que te conviene hacer para reparar. Y, al mismo tiempo, cuidas de tu dignidad personal y ayudas a regular emocionalmente a tu pareja.
Y si tienes que aplazar la conversación para proteger el vínculo que te une a tu pareja, hazlo. Le dices de hablarlo en unas horas o al día siguiente.
Cada quién, responde por su conducta actual. Lo que facilita cuidar la dignidad de ambos y del vínculo que os une, mientras aclaráis vuestra situación.
Revisar la situación sin poner fecha al perdón
Una revisión facilita comprobar qué estáis haciendo, en qué punto está cada quién y la relación, mientras la decisión de la parte herida de continuar o no, continúa abierta, o transita por el proceso del perdón.
Conviene no interpretar estas revisiones como fechas límite para conseguir un objetivo, sino como una ayuda para la voluntad y la actitud de conseguir un objetivo.
En lugar de “te doy un mes para que te decidas”, o “en un mes, este tema tiene que estar superado”, resulta más conveniente acordar: “Dentro de un mes revisaremos qué hemos aclarado, si se han cumplido los acuerdos y qué disposición tenemos para continuar trabajando en ello”.
La revisión necesita contenido. Si habíais acordado ganar competencia en regulación emocional, comprobad en qué grado lo habéis conseguido. Si estaba pendiente reconocer una consecuencia, revisad si pudo hablarse y qué acción reparadora se asumió. Si la parte herida quería comprobar la disponibilidad para escuchar, contrastad cómo han sido las conversaciones.
Con la revisión ganáis en claridad. Esta es la cuestión. Ganáis en consciencia y responsabilidad. Y os facilita poner vuestra atención en el proceso que estáis llevando a cabo. En el presente. Que es, considero yo, la mejor manera de proceder para tomar decisiones adaptativas generadoras de gran beneficio personal y para el entorno.
No abordar los “temas” y no revisarlos, probablemente os sitúe en la misma situación, en la misma discusión, dentro de varios meses.
Una reflexión breve para aclarar por qué seguís juntos
Os propongo este ejercicio cuando “no me perdona, pero no se va”, ha sustituido una conversación sobre lo que está viviendo cada parte. Su objetivo es aclarar una necesidad y el siguiente paso a llevar a cabo.
Empezad individualmente en un momento propicio para llevarlo a cabo sin interrupciones, y con un bloc de notas. Al leer cada pregunta, observad qué emoción o sensación corporal aparece. Podéis dejar una respuesta pendiente, hacer una pausa, o releer varias veces, lo que necesitéis.
1. Qué deseo conservar hoy. Escribe algo concreto, si lo hay: “Disfruto cuando conversamos sin prisa” o “Quiero comprobar si podemos recuperar la complicidad”. No necesitas formular una valoración positiva si no la reconoces.
2. Qué me dificulta elegir. Distingue una duda de una condición práctica. “No sé si seré capaz de volver a confiar”, es diferente de “No sé cómo sostendría otra vivienda”. Ambas merecen atención, y necesitan actuaciones diferentes.
3. Qué necesito aclarar o atender. Si eres la parte herida, precisa, en la medida de lo posible, una información, una acción reparadora o un apoyo que necesitas para decidir. Si eres la parte infiel, identifica qué necesitas preguntar y qué compromiso has dejado pendiente.
4. Qué me corresponde asumir. Cada quién conviene que se haga cargo de sí mismo, y de su actuación. Existen aspectos que son responsabilidad personal en el proceso de reconstrucción de la seguridad del vínculo en la relación. Y no tenerlo claro y no llevarlo a cabo, genera mucho malestar y resulta un obstáculo muy grande.
Conviene que exista comunicación entre los miembros de la pareja al respecto. Para, de esta manera, facilitar que exista sincronía entre ambos.
5. Qué haremos y cuándo lo revisaremos. Elegid algo comprobable: una conversación sobre un hecho, una gestión para conocer opciones o una acción reparadora con responsable y seguimiento. Evitad acuerdos abstractos tipo “estar mejor” o “confiar más”. Conviene que sean concretos, porque la concreción es medible.
Si existe la seguridad suficiente para que ambos compartáis vuestras respuestas y reflexiones, hacedlo. Una vez escuchado al compañero, comprobad qué habéis entendido correctamente. Por ejemplo: “¿Me estás diciendo que quieres intentar reconstruir, y que necesitas conocer, también, tus opciones si decidieras separarte?”. Entonces, la otra parte, confirma, aclara o corrige.
Después de la actuación acordada, comprobad qué se ha aclarado, qué sigue pendiente y si ha cambiado vuestra disposición. El avance puede consistir en comprender una diferencia que antes discutíais sin reconocerla.
El ejercicio conjunto no es la propuesta adecuada cuando existe probabilidad de represalias que atentan contra la seguridad personal.
Cuándo conviene pedir ayuda para decidir
Puede ser útil cuando la parte infiel quiere empezar a reconstruir y la parte herida no tiene claro si desea intentarlo. Trabajar para aclarar esa decisión requiere reconocer la diferencia. Conviene no dar por hecho que ambos habéis elegido el mismo camino.
También cuando cada conversación termina exigiendo una confirmación, no conseguís precisar qué sigue pendiente o las dificultades materiales impiden valorar opciones con suficiente libertad. Según lo que necesitéis, puede ayudar el acompañamiento individual, de pareja o el asesoramiento práctico correspondiente.
Si el sufrimiento afecta de manera importante al descanso, al trabajo o a la vida cotidiana, podéis buscar apoyo psicológico. No hace falta esperar a estar incapacitados. La mentoría no sustituye la atención sanitaria o especializada cuando ésta resulta necesaria.
Para identificar si queda pendiente reconocimiento, reparación u otra tarea, podéis consultar las siete tareas pendientes después de una infidelidad. No hace falta volver a empezar todo el proceso: conviene localizar qué necesita atención ahora.
Preguntas frecuentes
¿Si mi pareja sigue conmigo significa que me quiere?
Si es capaz de sostenerse económica y emocionalmente en caso de dar por finalizada la relación, muy probablemente, así sea. Permanecer en una relación de pareja, con el grado de convivencia que supone, sin querer a la persona con la que estás, resulta muy desgastante. Personalmente considero que es fuente de enfermedad. Mala vida.
Otra cosa es que tu pareja sienta que está de manera plenamente satisfactoria, y no de manera “esto es lo que tengo, y no puedo pedir más”. Puede que el sentido que tenga para ésta vuestra relación, no sea el mismo que tiene para ti. O que tú representes para ésta, algo distinto de lo que tú consideras que representas.
¿Me está castigando si sigue dolida y no quiere dejarme?
Muy probablemente, no. Si sigue dolida es porqué se siente herida. Y no porque le guste recrearse en la herida, sino porque considera que no se está produciendo la reparación necesaria para calmar esa herida. Lo que muy probablemente está expresando su malestar, es su necesidad de que actúes de manera que le hagas sentir validada, prioritaria, y reconocida. Que actúes de manera que sienta que es seguro y tiene sentido continuar junto a ti.
Por otra parte, una cosa son las manifestaciones de malestar tipo, “me duele que me mintieras”, “me cuesta aceptar lo que has hecho”, aunque sean expresadas repetidamente, que muestras de desprecio, o una interacción agresiva con voluntad de humillar y someter.
En este último caso, podría tratarse de estancamiento en un ciclo neurótico, en el que prima la voluntad de castigo.
¿Cuánto tiempo tengo que esperar una decisión?
Más que esperar una decisión en una situación de «no me perdona pero tampoco quiere dejarme», considero que lo que te conviene es centrarte en reparar. Ese conviene que sea tu objetivo al que dirigir tu voluntad y tu actitud. Porque si ti pareja tiene dudas al respecto de si permanecer en la relación o no, es lo que puede ayudarla a que incline su decisión hacia el “sí”.
Por otra parte, si tú realmente llevas tiempo, meses o años, comportándote de manera sostenida y congruente con el cuidado del vínculo con tu pareja, y ésta no parece estar plenamente presente, conviene tener una o varias conversaciones al respecto.
Puedes explicar cómo te afecta la incertidumbre que percibes en su actitud, y qué estás dispuesto a sostener. Así como qué necesita para estar presente, y qué se puede hacer al respecto.
¿Puedo pedir que aclaremos si vamos a continuar?
Sí. Puedes proponer una conversación para aclarar cuál es la situación. Para que ambos podáis exponer en qué punto está cada quién, cuál es la perspectiva, y qué necesita para continuar.
Conviene evitar convertir la vivienda, el dinero, el contacto sexual o los hijos en condiciones para obtener la contestación que se desea. Una decisión suficientemente libre requiere poder acoger y exponer dudas o desacuerdo.
¿Podemos reconstruir si todavía no hay perdón?
El perdón es la consecuencia de un proceso. Un proceso de aceptación e integración de lo ocurrido, y sus consecuencias, dentro de la historia personal y de pareja. Que es vivido desde la compasión por uno mismo y el otro, y el sentimiento de dignidad personal.
Dicho esto, conviene que pongáis vuestra atención en trabajar el reconocimiento, las acciones reparadoras y conductas confiables si ambos queréis intentar reconstruir la relación. No hace falta exigir el perdón como requisito.
Antes de volver a pedir una decisión
La próxima vez que pienses “no me perdona, pero tampoco quiere dejarme”, prueba a preguntar algo más concreto: “¿Qué significa para ti seguir aquí en este momento?”.
Escucha si tu pareja está expresando deseo de reconstruir, una necesidad que sigue sin atenderse o una dificultad para marcharse. Cada situación necesita una conversación y unas actuaciones distintas.
Después, concreta lo que te corresponde. Si has prometido una acción reparadora, llévala a cabo. Si falta información para decidir, proporciónala o buscad cómo obtenerla. Si lo que existe es una diferencia sobre el futuro, reconocedla, y negociarla.
Cuidar del Nosotros implica respetar que cada parte pueda elegir, con la mayor libertad posible, si desea seguir formando parte del mismo
Óscar González · Mentor de parejas, especializado en infidelidad. Creador del Modelo de Consciencia Amorosa. Autor de Cómo recuperar tu vida y tu relación (si es lo que quieres) tras una infidelidad. ¡Por cierto!, toma una decisión inteligente, y forma parte de mi Comunidad.
