Descubrir una infidelidad de hace años puede dolerte intensamente porque tú estás conociendo esa realidad ahora. Además de la conducta infiel, puedes necesitar comprender cómo ha sido capaz de llevarlo sobre su conciencia durante este tiempo, y revisar decisiones que tomaste desde entonces hasta el día de hoy.

Que la infidelidad forme parte del pasado, y no del presente, importa para valorar vuestra situación actual. Pero no significa que no haya daño que reparar, o que no tenga sentido que cause malestar a partir de cierto grado.

“¡Eso pasó hace diez años! ¿Por qué vamos a estropear lo que tenemos?”. Quizá tu pareja te haya dicho algo parecido a esto intentando tranquilizarte, o temiendo perder la relación que habéis construido hasta el momento. Pero tú acabas de enterarte de algo que cambia tu manera de interpretarlo a él o ella, y el sentido de una parte de la historia de vuestra relación.

Y es entonces que empiezan las preguntas: “¿Cómo has sido capaz de vivir tranquilo durante este tiempo?”, “¿No pensaste en qué ocurriría en caso de ser descubierto?”, “¿Por qué quisiste que tuviéramos otro hijo, si estabas siéndome infiel?”, etc.

Conviene comprender qué hay detrás de estas preguntas antes de intentar cerrarlas con un “¡Eso, es pasado!”. En este artículo os propongo aclarar qué necesita atención ahora, cómo conversar sobre lo que ocurrió y qué corresponde asumir a cada parte.

La infidelidad ocurrió entonces; el descubrimiento está ocurriendo ahora

Hay dos momentos que conviene distinguir: cuándo se produjo la infidelidad y cuándo la parte herida conoce lo sucedido.

La parte infiel sabe desde hace años lo que hizo. Puede que haya cortado aquella relación, cambiado su manera de actuar y dejado de pensar habitualmente en ello. Quizá por eso considera que pertenece a una etapa cerrada.

La parte herida no ha podido elaborar lo que desconocía sobre la infidelidad. Puede que esté intentando comprender ahora qué ocurrió, quién era su pareja en aquella etapa y qué significa haber convivido sin saberlo. El hecho de que la infidelidad haya terminado no responde a estas preguntas.

Te pongo un ejemplo ficticio que retomaremos a lo largo del artículo. Ella descubre que Él mantuvo una relación oculta ocho años atrás. En aquella época, ambos decidieron mudarse para facilitar el desarrollo profesional de Él. Ella dejó un trabajo que le gustaba, con proyección de futuro, y se alejó de su familia.

Él piensa: “Aquello terminó. Desde entonces he estado de manera consciente y responsable en nuestra relación, y no he vuelto a darme permiso.”. Ella se pregunta: “¿Dónde quedaba mi persona y sacrificio, mientras tú te dabas permiso? ¿Qué significaba yo para ti y nuestra relación, en aquel momento?”.

Si Él responde enumerando lo buen compañero que ha sido después, no está atendiendo las preguntas de Ella. Ella necesita comprender la realidad de la situación cuando tomó una decisión que cambió su vida. La conducta de él tras mudarse, y hasta el presente, podrán considerarse, pero no aclaran lo que ocultó entonces.

Por eso, descubrir ahora una infidelidad antigua no equivale a llevar años intentando superarla. El artículo sobre por qué una infidelidad puede seguir pesando años después aborda el estancamiento cuando ya ha pasado tiempo desde el descubrimiento. Aquí nos ocupamos de cómo afecta conocer hoy una infidelidad que ocurrió hace años.

Descubrir una infidelidad de hace años: también duele la ocultación

Puede que lo que más te duela sea la relación sexual o afectiva que tu pareja mantuvo con una tercera persona o terceras personas. Puede que también te pese la ocultación: haber recibido explicaciones falsas, haber confiado en ellas y haber tomado decisiones importantes, como tener otro hijo, sin conocer una parte relevante de vuestra realidad.

También puede generar malestar, aunque su infidelidad no coincida con momentos clave de vuestra relación. Por ejemplo, descubrir que las ausencias que te explicaba como “asuntos de trabajo”, eran, en realidad, encuentros con la tercera persona, y puede hacer que ahora te preguntes si puedes fiarte de sus explicaciones cotidianas.

Supongamos que Ella, antes de mudarse, le había comentado a Él que lo notaba distante, y si había algún problema en la relación. Él negó que ocurriera nada y le dijo que desconfiaba sin motivo. Ella acabó culpabilizándose por preguntar, y se esforzó por mostrarse más comprensiva.

Al descubrir la infidelidad, ahora Ella puede sentir rabia por dos motivos diferentes: por la conducta infiel y por haber dudado de su propia percepción a causa de lo que Él le decía. Una disculpa por la infidelidad, por haberse dado permiso para involucrarse con una tercera persona, no reconoce esa vivencia dolorosa injusta que supone el no haber sido validada su percepción; que era acertada.

Lo que conviene reconocer, por lo tanto esa vivencia con una declaración del tipo: “Cuando me preguntaste, negué lo que estaba ocurriendo y te hice sentir que el problema era tu desconfianza. Tu inquietud tenía motivos que yo conocía y te lo oculté. Lamento que acabaras culpabilizándote por mis negaciones. Asumo que cometí una injusticia contigo, además de haberte traicionado”.

Después de esa declaración, corresponde escuchar qué supuso para Ella, esa vivencia. Quizá exponga conversaciones mantenidas entre ambos, que Él había olvidado. O explique que, desde entonces, le cuesta fiarse de su propio criterio.

Reconocer ese impacto requiere por parte de la parte infiel, escucharlo desde la regulación emocional y la compasión. Evitando la actitud defensiva que se sustenta o parapeta en pensamientos del tipo, “no significó nada para mí”, o “tampoco fue para tanto”.

La responsabilidad de darse permiso para la infidelidad, llevarla a cabo y ocultarla corresponde a la parte infiel. En exclusiva. Las dificultades que pudiera haber en la relación ayudan a comprender el contexto, pero no explican la toma de decisión. Ni convierten a la parte herida en corresponsable de las decisiones tomadas por la parte infiel.

Qué pasa con los recuerdos de la relación, al descubrir una infidelidad de hace años

Puede que abras un álbum y ya no veas las fotografías como antes. Una celebración que recordabas con cariño, deja, ahora, un regusto agridulce. Queda asociada a pensamientos del tipo: “El día anterior estuvo con la tercera persona”, o preguntas del tipo, “¿Será que la sonrisa en esta foto, tiene que ver con que pensaba en la otra?”.

O recuerdas una declaración de amor y te cuesta comprender cómo podía decirte aquello mientras ocultaba otra relación. Y entonces te preguntas, si a la tercera persona le decía lo mismo. O si te lo decía por remordimiento, como estrategia para ocultar lo que hacía o porque realmente lo sentía.

Detrás de esas preguntas puede estar la necesidad de comprender qué significaban para tu pareja situaciones que para ti tenían un valor importante.

Si Ella declara, “Ahora siento que nuestra mudanza fue una mentira”, conviene escuchar qué quiere decir. Puede estar expresando que el compromiso en el que basó su decisión ya no le resulta tan claro. Contestar a esa declaración con un, “No exageres, también fuimos felices” invalida su vivencia, y le pide recuperar una valoración positiva antes de haber atendido su desconcierto. Antes de atender la caída del relato que daba sentido a uno mismo, el otro y la relación de pareja que comparten ambos.

Él puede aclarar qué le llevó a darse permiso. Cuál fue su proceso interno, los factores internos y externos que le facilitaron tomar las decisiones que tomó y hacer lo que hizo, cómo actuó para ocultárselo, etc. Desde la consciencia y la responsabilidad. También puede mostrar disponibilidad para reparar, interesándose por qué necesita saber o revisar, ahora, la pareja. Lo que no le conviene hacer, es exigir cómo Ella debe recordar aquella etapa.

En el Modelo de Consciencia Amorosa, integrar lo ocurrido supone darle lugar en la historia personal y de pareja, comprendiendo sus consecuencias y pudiendo decidir cómo continuar a partir de esa realidad. No exige concluir que todo lo vivido conserva el mismo valor ni que todo fue falso.

Puede que sigas apreciando algunos recuerdos y otros hayan cambiado profundamente de significado. Para explorar esa diferencia, ayuda detenerse en uno: qué viviste tú, qué sabes ahora y qué falta por comprender.

Qué necesitas aclarar al descubrir una infidelidad de hace años

La cantidad de preguntas que puedan surgir, puede resultar abrumadora. Conviene ordenarlas para que las conversaciones permitan aclarar algo, en lugar de pasar de un asunto a otro sin poder atender ninguno como se requiere. O acabar en bucle, empantanados sin poder avanzar.

Os propongo distinguir tres cuestiones:

  • Qué ocurrió entonces: qué conducta se mantuvo, durante qué periodo, qué acuerdos se vulneraron y cómo llegó la parte infiel a darse permiso para hacerlo. “Estábamos mal” no explica qué se decía a sí mismo para justificar su actuación, mentir o cruzar límites que no debieron cruzarse.
  • Qué se ocultó y qué decisiones afectó: qué explicaciones falsas se dieron y qué asuntos importantes se decidieron sin compartir esa información. Por ejemplo, una mudanza, un compromiso económico o la decisión de ampliar la familia.
  • Cuál es la situación actual: si la relación con la tercera persona terminó, si existe contacto y qué hechos relevantes siguen pendientes de comunicar. Que hayan pasado años no exime de aclarar el presente.

Volvamos al ejemplo. Ella pregunta si Él seguía viéndose con la tercera persona cuando acordaron mudarse. Es una pregunta relacionada con el significado de una decisión compartida. Con una decisión clave en su proyecto de vida compartido. Necesita una contestación clara sobre lo que Él sabe, no una explicación sobre cuánto la quiere hoy.

Otras preguntas pueden llevarte hacia descripciones sexuales o comparaciones que no sabes si deseas conocer. Antes de formularlas, puedes preguntarte: “¿Qué intento comprender con esto? ¿Qué coste puede tener para mí estabilidad emocional conocer esto? ¿Saber esto me acerca o me aleja de la situación personal y de pareja en la que quiero estar?”. No se trata de prohibirte preguntar, sino de que te cuides. Como decía Nietzsche, “Cada quién tiene la verdad que es capaz de digerir”. Si sabes que esa porción de verdad puede serte perjudicial, sé inteligente y evítatela.

Este (auto)cuidado corresponde ejercerlo a la parte herida. La parte infiel puede sugerir la no conveniencia de saberlo, pero no tiene derecho a no exponer toda la realidad de lo hecho si así se lo pide la compañera o el compañero. Y si hay más información relevante sobre lo ocurrido, como haber mantenido relaciones sexuales sin protección, corresponde comunicarlo. De hecho, es responsabilidad de la parte infiel, que la parte herida comparta el mismo mapa de la realidad de lo sucedido, que la parte infiel. Solo de esta manera se puede reparar y construir una nueva relación de manera honesta y con verdadera proyección de futuro.

Cuando la parte infiel dice que no recuerda

Después de años puede que la parte infiel no recuerde una fecha exacta o el orden de algunos encuentros. De hecho, es muy probable que haya hecho todo lo posible por borrar esos recuerdos de su memoria. Conviene, pues, distinguir esa limitación de una negativa a colaborar en la comprensión de lo sucedido.

“No lo recuerdo” puede acompañarse de algo más concreto: “Sé que seguíamos viéndonos cuando hablamos de la mudanza. No recuerdo si cuando me dijiste que estabas dispuesta a acompañarme y dejar tu trabajo estaba aún con ella, o si acabé cuando nos pusimos a mirar pisos para alquilar, o poco después. Sinceramente, intento acordarme, pero no lo he tenido presente en muchos años y ahora me resulta complicado recordar”.

Si la fecha sigue sin poder aclararse, conviene reconocerlo. Y no inventar nada para salir del paso, o de la situación de estancamiento. Porque eso será interpretado como una falta de respeto por la parte herida, generando en ésta, mayor malestar. En esos casos mejor decir, “Entiendo tu necesidad de conocer esto. Yo también la tendría. Lo que te puedo decir, honestamente, es que no recuerdo y que tengo la tentación de decirte una fecha cualquiera para acabar con esta situación estancada”.

También conviene tener en cuenta que un recuerdo vago, no hay que darlo por válido. Para no dar lugar a suposiciones y conclusiones, que, en realidad, no son correctas.

Por otro lado, la parte infiel puede asumir una conducta, aunque no recuerde todos sus detalles: “No puedo precisar qué palabras utilicé aquella noche. Sí sé que te negué estar involucrado con una tercera persona y que estaba mintiendo”.

Si eres la parte infiel: qué te corresponde hacer ahora

Puede que, como parte infiel, sientas vergüenza y culpabilidad por lo hecho y el daño causado, miedo a perder a tu pareja o frustración porque consideras que ya habías cambiado. Conviene reconocer y regular ese malestar para que no dirija tu interacción con tu pareja.

Por ejemplo, si sientes urgencia por demostrar que ahora eres una persona diferente a la que eras en el momento en que te diste permiso, quizá empieces a enumerar los hechos que lo demuestran mientras tu pareja intenta explicarte su vivencia. Detente y escucha qué te está diciendo. Date un toque de atención del tipo: “Me estoy poniendo a la defensiva porque tengo miedo de perder lo que hemos construido. Necesito escuchar lo que esto está suponiendo mi infidelidad para mi pareja”.

Se necesita por tu parte que acojas y valides el malestar que siente tu pareja, mientras eres capaz de sostenerte a ti mismo o a ti misma. Y esto requiere de recursos de regulación emocional y de comunicación asertiva, o no agresiva. Requiere de estar disponible emocionalmente para el otro, y al cuidado de uno mismo. Requiere de consciencia, responsabilidad y (auto)compasión.

Reconocer el impacto y tomar la iniciativa

Además de estar disponible para contestar las dudas y preguntas de tu pareja, conviene revisar por iniciativa propia qué te falta por contar, para que ésta tenga un mapa de la realidad de lo ocurrido, que le permita comprender. Si sabes que una decisión importante coincidió con la infidelidad, no esperes a que tu pareja lo descubra cuando caigas en una contradicción.

En nuestro ejemplo, Él puede decir: “He pensado en lo que me preguntaste sobre la mudanza. Quiero revisar contigo qué sabías y qué te estaba ocultando. Quiero proporcionarte el mapa completo para que puedas estar tranquila al respecto”. Después necesita llevar a cabo esa conversación desde una disponibilidad honesta y compasiva hacia su pareja.

También conviene distinguir qué puede repararse y qué pérdida necesita ser elaborada. Él no puede devolverle a Ella la posibilidad de ir al pasado y tomar una decisión clave en base a la información actual. Sí puede reconocer lo que ocultó, aclarar el relato y revisar con ella las consecuencias que continúan afectándola.

Por ejemplo, conviene preguntarle a Ella qué consecuencias identifica hoy en relación con el hecho de haber dejado su empleo, y si desea cambiar algo de su situación profesional actual. Si quiere retomar su desarrollo profesional, necesita una distribución diferente de los cuidados familiares, o ser compensada de alguna manera. Él puede asumir corresponsabilidad en la crianza, la logística de la casa, etc., en lugar de limitarse a decir que la apoya. Hacer esto supone un acto de reparación en el presente, que puede compensar lo habido en el pasado y facilita rediseñar la relación de cara al futuro.

No sabemos, con certeza, qué habría decidido Ella, en aquel momento del pasado, de haber sabido de la infidelidad de Él. Independientemente de ello, la infidelidad y el contexto en el que se dio, junto con la ocultación y el devenir de la relación, conviene que sean abordados para restablecer la seguridad del vínculo entre los miembros de la pareja y el sentido de la relación.

Si fuiste tú quien lo contó

Haberlo revelado voluntariamente invita a examinar qué te ha llevado a exponerlo ahora y qué compromiso tienes con dejar de ocultar. Ten presente que un “te lo cuento porque quiero ser honesto”, es la expresión superficial de una necesidad más profunda. Y que tu pareja no tiene por qué recibirlo, al menos en un primer momento, con gratitud.

Puede necesitar preguntarte por qué has esperado tantos años. Conviene explicar lo que comprendes sobre tu silencio y asumirlo: “Temía las consecuencias y elegí no contártelo. Fue un acto de cobardía, egoísta, y, al mismo tiempo me atormentaba que sufrieras. Durante años he cargado con ello, y hasta hace relativamente poco no he logrado hacer las paces conmigo mismo”.

A partir de ahí, corresponde atender el impacto que la revelación pueda causar. Esta es la responsabilidad a asumir, “el precio a pagar”. Utilizar tu sinceridad actual para pedir que el malestar termine pronto, es una estrategia defensiva. Como se suele decir, “a lo hecho, pecho”.

Un ejercicio breve para preparar una conversación tras descubrir una infidelidad de hace años.

Os propongo una línea temporal de realidad compartida si se mezclan fechas, recuerdos y decisiones, y os cuesta precisar qué necesitáis aclarar. Consiste en poner por escrito qué ocurrió, qué sabíais entonces y qué comprendéis ahora. Su objetivo es preparar una conversación sobre una sola situación, o unas pocas, cada vez. No tiene como objetivo reconstruir todos los años de relación en una tarde.

Escoged un tiempo, y un lugar, propicios para llevar a cabo el ejercicio individualmente. Elegid una situación: por ejemplo, la decisión de mudaros. Leed cada pregunta con calma, observando qué emoción o sensación corporal aparece. Podéis dejar algo pendiente o hacer una pausa si el malestar dificulta seguir.

  1. ¿Qué sé ahora y cómo lo sé? Si eres la parte herida, diferencia lo que tu pareja ha reconocido, lo que puede comprobarse, lo que recuerdas y lo que estás suponiendo. Si eres la parte infiel, diferencia lo que has reconocido, lo que puede comprobarse, lo que recuerdas, y lo que no o te imaginas.
  2. ¿Qué sabía entonces y qué creía estar decidiendo? Si eres la parte herida, recoge la información con la que contabas, y tu vivencia de dicha situación. Si eres la parte infiel, anota qué sabías, qué comunicaste, qué ocultaste y cómo lo vivenciabas.
  3. ¿Qué cambia para mí y qué necesito comprender? Si eres la parte herida, concreta las preguntas. Por ejemplo: “Necesito saber si seguías con esa relación cuando me pediste que nos mudáramos”. Si eres la parte infiel, pregunta por cómo vivía tu pareja una situación determinada, y cómo interpreta ahora dicha situación, en base a la revelación de la infidelidad.
  4. ¿Qué me corresponde hacer? La parte infiel precisa qué información aportará, qué necesita comprobar o aclarar para proporcionar el mapa de la realidad de lo ocurrido, y qué conducta le corresponde reconocer. La parte herida puede expresar el impacto y qué necesita aclarar.

Si existe seguridad para compartirlo escuchad qué ha escrito cada uno. Antes de contestar, comprobad qué habéis entendido de lo que el otro acaba de expresar: “Si lo entiendo correctamente, lo que necesitas aclarar es…”. Así podrá confirmar o corregir o reformular lo que considere oportuno. A partir podéis dar lugar a una conversación íntima.

Al terminar, anotad qué se ha aclarado, qué sigue pendiente y qué actuación asumirá cada parte. En el ejemplo, Él reconoce que la relación con la tercera persona, continuaba cuando propuso mudarse. Queda pendiente precisar cuándo terminó. Se compromete a revisar la información que conserva y conversar el sábado sobre lo que haya podido aclarar.

El sábado podrán comprobar si Él hizo esa revisión, si explica qué pudo precisar y qué no, y si escucha lo que Ella necesita expresar. Si Ella pregunta algo diferente después de esa conversación, conviene atenderlo. Y no convertir lo escrito en una lista cerrada de preguntas permitidas.

Si hay miedo, amenazas, violencia o control coercitivo, este ejercicio conjunto no es adecuado. La prioridad es tu seguridad y contar con atención especializada.

Valorar la relación actual sin exigirte una decisión inmediata

Puede que, como parte herida, reconozcas el cuidado, dedicación y cambios importantes durante los años posteriores a la infidelidad. También puede que ahora te preguntes de manera recurrente, cómo fue capaz de serte infiel y de ocultártelo.

Por ejemplo, puedes decir: “Reconozco que llevas años implicándote en la crianza y en nuestra relación. Y necesito comprender por qué seguiste negando aquello cuando te pregunté”. Reconocer su implicación no te obliga a renunciar a esa aclaración.

Si estás procesando el impacto, puedes darte tiempo y establecer condiciones provisionales. Quizá necesitas dormir por separado, aplazar una inversión importante o marchar unos días a un lugar donde poder conversar intensamente con tu pareja. Concreta qué necesitas ahora y qué asuntos quieres revisar después.

Si ambos queréis dar una oportunidad a la relación, podéis empezar por aclarar lo ocurrido y reconocer su impacto. Las siete tareas pendientes después de una infidelidad permiten profundizar en ese trabajo, sin intentar abordarlo todo de golpe.

Cuándo conviene pedir ayuda

El apoyo de una mentoría puede ser útil si cada conversación termina en negaciones, ataques o evasión y no conseguís aclarar lo esencial. También si necesitas apoyo para aclarar y llevar a cabo cómo quieres continuar.

Si el malestar está afectando de manera importante a tu sueño, tu alimentación, el trabajo o el cuidado cotidiano, conviene buscar apoyo psicológico o sanitario según lo que esté ocurriendo.

Preguntas frecuentes

¿Por qué me duele tanto descubrir una infidelidad de hace años?

Porque estás conociendo ahora algo que puede cambiar cómo entiendes tu relación y una parte de tu historia. Cambia el sentido del relato que tienes construido, al respecto. Y es este relato el que proporciona estabilidad mental- emocional.

Al descubrir, por ejemplo, que tus sospechas fueron invalidadas en su momento, se genera en ti una herida de injusticia. Porque interpretas que tu pareja prefirió que te culpabilizaras por tus dudas, en lugar de tener la valentía, honestidad y compasión, de validar tu sospecha y asumir las consecuencias.

Que la relación con la tercera persona forme parte de un pasado del que tu pareja se siente avergonzado o avergonzada, aclara la situación presente, pero no atiende por sí solo el impacto que estás viviendo al enterarte.

¿Todo lo que vivimos fue mentira?

Calma. Esta pregunta surge de la activación de un pensamiento “todo o nada”; es decir, de una distorsión cognitiva que interpreta la realidad en dos extremos opuestos. Y, en cambio, la realidad, suele caracterizarse por su gama de grises y puntos medios.

Hubo una deslealtad y una ocultación de dicha deslealtad. Sí. Y la revelación de todo ello, puede cambiar profundamente cómo entiendes vuestra historia. Del sentido de vuestra relación. Sí. Ahora bien, conviene que no te aventures a interpretar, cómo vivía tu pareja o ha vivido vuestra relación, o lo que significa tu persona para él o ella.

Por eso conviene conversar para aclarar hechos que ahora te hacen dudar. Que tu pareja pueda escuchar lo que suponen para ti. Y que tu puedas escuchar qué suponen para él o ella. Es la mejor manera de evitar interpretaciones que pueden dificultar retomar el sentimiento de seguridad del vínculo.

¿Y si no puede recordar una fecha que para mí es importante?

Tu pareja puede reconocer por qué es importante para ti saberlo, precisar lo que sí sabe y revisar la información de que dispone por si pudiera obtener esa información. Si honestamente no puede, conviene que aceptes esta imposibilidad. Es preferible a que, por sacarte del bucle o de la situación de estancamiento, se invente una fecha. Esto puede complicar aún más la situación.

Que tu pareja no pueda recordar un dato, una fecha, una situación conviene que no invalide el hecho de que reconozca lo hecho y asuma su responsabilidad en el momento presente.

¿Puedo revisar una decisión que tomé sin conocer la infidelidad?

Sí. Puedes revisar qué quieres mantener o cambiar ahora que conoces esa información. Algunas consecuencias, como los años vividos en otro lugar, no se pueden deshacer. Otras decisiones actuales sí pueden reconsiderarse: dónde vivir a partir de ahora o cómo distribuir responsabilidades, por ejemplo. Tienes derecho a renegociar aquellos aspectos que consideras una reparación a tu herida de traición e injusticia.

¿Podemos reconstruir después de descubrir una infidelidad de hace años?

Si tu relación de pareja ha sido satisfactoria en general, te será más probable el resituarte. En el proceso de reparación conviene que haya una clarificación de lo ocurrido. Que tú y tu pareja tengáis el mismo mapa de lo ocurrido. Conviene que haya el reconocimiento del impacto recibido por parte de la parte herida. Y que tengan lugar las acciones reparadoras que correspondan.

Además de esto, conviene que, por parte de la parte infiel, exista un patrón de conducta confiable. En el que queda incluido la disponibilidad para conversar sin minimizar, ni ponerse a la defensiva.

Los años de relación han podido aportar experiencias de cuidado que conviene valorar, pero no invalidan la necesidad de la parte herida por conocer lo ocurrido para entenderlo y así procesarlo.

¿Debo hablar con la tercera persona para aclararlo?

No es un requisito para aclarar lo ocurrido. Antes de hacerlo, conviene precisar qué dato buscas y si puedes aclararlo de otra manera. Su versión también puede ser parcial o contradictoria. Contactar con ésta, no asegura obtener la verdad y puede añadir un conflicto. Así que valora las circunstancias y tu seguridad antes de hacerlo. En cualquier caso, ese contacto no sustituye la responsabilidad de tu pareja de explicar lo que hizo.

Antes de intentar pasar página al descubrir una infidelidad de hace años

Si al descubrir una infidelidad de hace años, tu pareja insiste en que “eso ya pasó”, mírale a los ojos y de manera amable y firme dile algo así: “Necesito que no repitas más estas tres palabras. Ocurrió hace tiempo, para ti. Para mí es algo que forma parte de mi realidad, recientemente. Cuando escucho estas tres palabras, escucho invalidación de mi malestar por tu parte. Escucho ponerte a la defensiva y me siento maltratada porque lo que me estás diciendo es que el problema lo tengo yo, y no tú. Así que necesito, urgentemente, que te pongas en mi lugar, evites expresiones hirientes como esa, me aclares todo lo que necesite aclarar y escuches cómo me está afectando saberlo”.

Y si eres la parte infiel, conviene que esta petición encuentre algo más que otra explicación sobre el tiempo transcurrido. Aclara lo que sabes, reconoce lo que ocultaste y escucha qué ha cambiado para tu pareja al conocerlo. Esa conversación quedó pendiente mientras mantuviste tu infidelidad oculta. Ahora te corresponde estar disponible para tenerla.

Óscar González · Mentor de parejas, especializado en infidelidad. Creador del Modelo de Consciencia Amorosa. Autor de Cómo recuperar tu vida y tu relación (si es lo que quieres) tras una infidelidad.

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