REACCIÓN QUE DELATA UNA INFIDELIDAD

REACCIÓN QUE DELATA UNA INFIDELIDAD

La reacción que delata una infidelidad

Quiero compartir contigo una reacción que delata una infidelidad. Una reacción que suele ser habitual en la parte infiel, al ser descubierta. Y el por qué de esta reacción.

 

Historia de una reacción que delata una infidelidad

 

Ana descubre una conversación subida de tono, con una mujer, en el móvil de Sergio. Al ser preguntado, Sergio contesta que, efectivamente, se trata de una conversación subida de tono con una mujer por la que se siente atraído. Y que la cosa no ha pasado de ahí.

 

Ana relee la conversación y comenta que, según lo escrito, tienen que haber mantenido relaciones sexuales.

 

Aquí es, cuando Sergio reacciona y delata la infidelidad.

 

Indignado, ofendido, con rabia le suelta a bocajarro: “¡Ni he tenido relaciones sexuales con esta persona, ni las pienso tener!”. Y, acto seguido, se va dejando a Ana con la palabra en la boca.

 

¿Por qué esta reacción?

 

Sergio se ha visto sorprendido por Ana, y su nivel de cortisol en sangre ha aumentado de manera considerable. Porque su cerebro le ha informado que se encontraba en una situación de peligro.

 

Sergio se había autoconvencido de que no sería descubierto. Y no se había anticipado a ese probable escenario. Algo que suele ocurrir con frecuencia.

 

Así que de repente, se ve ante la cruda realidad de ser descubierto. Y rápidamente se tiene que resituar. Con un margen de maniobra muy escaso. Y es entonces que se ve impulsado por la pregunta consciente o inconsciente, “¿Cómo puedo “salir vivo” de aquí?”

 

Es obvio que tiene una relación con una mujer. Para “salir vivo de aquí”, la solución que encuentra es intentar persuadir a Ana, de que tan solo se trata de una desafortunada conversación subida de tono con alguien que le atrae. Le parece algo creíble con el potencial suficiente para desviar la atención de Ana. Este es el objetivo de su primera respuesta.

 

Lo que ocurre es que Ana al releer el texto, llega a la conclusión de que eso no es así. Es entonces, que el nivel de cortisol y otras hormonas estresantes en el cuerpo de Sergio, sube aún más. Su cerebro acaba de saber que la respuesta a si va a salir vivo de aquí, es “No”. Y es en este contexto, que su cerebro entra en modo instintivo de supervivencia. Activa la respuesta, lucha-huida-paralización. Y Sergio opta por luchar. Por cargarse de rabia y atacar a la defensiva.

 

A continuación, Sergio sale del campo de visión de Ana. ¿Por qué? Porque para la parte primitiva del cerebro de Sergio, Ana en estos momentos representa un depredador. Y lo que hace es huir, desapareciendo de del campo de visión de ella.

 

Variante de reacción que delata una infidelidad

 

Existe una actitud defensiva de la parte infiel, que tiene lugar cuando la pareja pone en cuestión su fidelidad desde la sospecha, sin tener pruebas tangibles o irrefutables. Esta actitud, consiste en acusar de celos infundados a la pareja. Incluso en hacerse el ofendido por el hecho de dudar, de no confiar.

Una actitud defensiva que puede manifestarse acompañada de frases del tipo: “¡Pero si no tienes pruebas!” “¡Si me dijeras que has encontrado algo, pero no tienes nada que demuestre que te soy infiel!”.

 

Una vez es reconocida la infidelidad, estas frases generan mucho daño dada la falta de honestidad demostrada. Y por el maltrato psicológico y la injusticia que supone para la pareja, no haber asumido la responsabilidad y acusar, en cambio, de celos infundados.

 

Advertencia

 

No estoy afirmando, que en todos los casos en los que se produzca este tipo de actitudes defensivas, se trate de una reacción que delata una infidelidad. Lo que estoy compartiendo contigo es una manera habitual de defenderse las personas que han sido infieles y han sido descubiertas. Y así me lo han compartido mis clientes.

 

Cuando la reacción no delata una infidelidad

 

Te cuento una historia personal. En el 2017 estuve un mes fuera casa perfeccionando mi inglés. Y al llegar, ya por la noche, mi mujer me preguntó si le había sido fiel. Yo entendí que si le había sido infiel. Y le respondí, tranquilamente, “No”. Sorprendida y medio descompuesta me pregunto “¿No?” y le contesté nuevamente, “No”.

Angustiada me volvió a hacer la pregunta y entonces entendí el equívoco. La tranquilicé y nos echamos unas risas.

 

De esta experiencia aprendí tres cosas:

 

  1. La mentira tensa y la verdad relaja. La mala conciencia tensa y la conciencia tranquila relaja. Y eso se transmite. Puede que haya personas capaces de mentir sin tensarse. O elaborar muy bien una mentira, convencerse a sí mismos y no transmitir en ningún micro gesto de deshonestidad o tensión. Son pocas. Yo en todo momento estuve relajado porque tenía la conciencia tranquila.

 

  1. Rápidamente mi actitud fue calmar a mi pareja, en cuanto me di cuenta del equivoco. Y no solamente eso, me interesé por su inquietud y estuvimos hablando de ello. Le expliqué por qué le había sido fiel.

 

Lo que quiero decir con todo esto es que mi objetivo era la tranquilidad de ella. No era mi supervivencia. No me puse a la defensiva porque en ningún momento me sentí en peligro.

 

  1. No hay satisfacción pasajera con una persona, con varias personas que compense el daño que le puedes causar a la persona con la que se supone que tienes un compromiso firme, una gran historia construida y un proyecto de largo recorrido.

 

Dormir tranquilo no tiene precio.

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